Hace unos días mi padre me preguntó que cómo veía a España. Pues he aquí,
para el que lo quiera leer, mi percepción de la actual situación en la madre
patria.
Pecaría de superficial al decir que ‘la irrupción de Podemos lo ha cambiado
todo’, aunque esto sea en parte cierto. A primera vista, las encuestas parecen
dibujar un parlamento muy fragmentado a partir de las elecciones generales del
año que viene y, aunque Podemos esté de primero en las encuestas, a día de
hoy éstas no le dan más de un 26-27% de intención de voto. Esto imposibilitaría
un gobierno de dicho partido ya que, al ser casi la totalidad de su programa es
una declaración de guerra al sistema democrático (al que ni siquiera reconocen
como tal, sino que le llaman “El régimen del ‘78”), cualquier pacto con
partidos que no signifique una rendición absoluta de éstos a su programa es
prácticamente imposible. Esta situación, que en sistemas presidencialistas como
los latinoamericanos no significaría problema alguno para ellos porque los jefes del
gobierno son elegidos directamente por la gente, en una democracia
parlamentaria representa su principal talón de Aquiles ya que es el Congreso
quien elige al presidente y, por tanto, tiene que haber una mayoría de
diputados que voten “sí” cuando se proponga un candidato a la Presidencia del
Gobierno. Esto, añadido al hecho de que la gente se empieza a percatar de que
muchas propuestas de este nuevo partido son irrealizables y que, por tanto,
Pablo Iglesias podría estar usando la vieja táctica de ganar en base al “voto
castigo” en vez de hacer propuestas sólidas, puede significar un serio obstáculo para esta nueva formación. Aun así, en el poco tiempo que tienen
andando, Podemos ya ha demostrado que sabe ganarse a la gente…cosa que los dos
partidos principales no han sabido hacer desde hace ya muchos años.
En el otro extremo del espectro político se encuentra el Partido Popular
(PP), cuya postura inmovilista tanto en las cuestiones sociales como en las
tensiones territoriales que han explotado durante esta legislatura hace pensar
a cualquiera que el líder de dicho partido, el presidente Mariano Rajoy, no
sabe qué hacer más allá de atender a su obligación de cumplir y hacer cumplir la
constitución. El Sr. Rajoy no ha querido ver que la mejor defensa que puede
hacer de la constitución es reformarla, no solamente para actualizarla a los nuevos tiempos sino también para que los españoles le puedan volver a dar
un baño de legitimidad en las urnas. Legitimidad que serviría para pararle los pies tanto a
secesionistas como a comunistas, ya que, con exactamente el mismo argumento ("hace mucho tiempo que se votó la constitución"), los primeros quieren echarla a la basura directamente y los segundos llamar a una "Asamblea Constituyente" aplicando el libretico que ya nos conocemos muy bien en América Latina gracias a Chávez (1999), Evo Morales (2005) y Rafael Correa (2008) cuando usaron dicho mecanismo para hacerse constituciones a su medida.
El Sr.
Rajoy se juega todo a una sola carta: su defensa de lo que él llama la "recuperación económica”. El problema es que aún hay demasiada gente que no siente la recuperación, principalmente porque el desempleo está en el mismo nivel que cuando empezó la legislatura. El principal logro económico de este gobierno ha sido
evitar la quiebra del Estado, que aunque no sea poco, es insuficiente. Sus
reformas, muy acompañadas de recortes en el gasto público, poco se han esforzado en recortar el alto costo de hacer negocios en España más allá del laboral. Los costos legales,
energéticos y los largos procedimientos burocráticos siguen siendo un lastre
que ni siquiera se ha intentado tocar. Pero este tema da para un artículo
aparte.
En cuanto a las tensiones con los nacionalistas catalanes, es bastante
lamentable que ante la opinión pública nacional e internacional estén quedando
como demócratas aquellos que defienden que el futuro de España no lo deciden
todos los españoles sino sólo una parte de ellos. ¿O es que a caso algo tan fundamental como la
disolubilidad o no de una nación no debe ser decidida por los ciudadanos de
dicha nación? El sólo hecho de que los secesionistas hayan logrado quedar como 'los demócratas' cuando defienden que la mayoría de los españoles no tienen derecho a decidir su futuro como país, revela una incapacidad comunicativa por parte del ejecutivo central impropia de
alguien cuyo trabajo consiste, al menos en un 50%, en saber comunicar.
Esta es mi visión, muy resumida, de lo que ocurre en España. Un escenario
en el que el debate lo protagonizan el PP y Podemos, con el otrora hegemónico
Partido Socialista Obrero Español sumergido desde hace años en una crisis de
identidad que poco a poco los está llevando a la irrelevancia política. Entre
esta fatal elección entre PP o Podemos, empieza a surgir una tercera vía
protagonizada por otro partido nuevo, Ciudadanos (C’s), que seguramente dará de
qué hablar durante los próximos meses. Pero de eso ya escribiré (o no) más adelante.