lunes, 1 de noviembre de 2010

Venezuela y la CAN (1)

Durante toda la historia de la humanidad, siempre han prevalecido los intereses de las naciones más fuertes sobre las más débiles. Desde tiempos inmemoriales, las tribus y etnias más fuertes dominaban a las más débiles y les imponían sus leyes y sus costumbres, como poco. Hoy, aunque es cierto que todas las naciones, fuertes y débiles, tienen voz como nunca la han tenido antes, también es cierto que a la hora de la verdad, cuando las grandes potencias así lo prefieren, defienden sus intereses a toda costa, sin importar lo que ello signifique para los pequeños países, carentes de poder económico y militar.

Dicho esto, hay que saber que Venezuela, por muchos cuentos que nos hayan metido en primaria y bachillerato diciéndonos lo contrario, es un país pequeño y pobre. Quizás no seamos pequeños en territorio ni pobres en recursos naturales, pero nuestra población es relativamente escasa y nuestra economía no puede ni siquiera proporcionarles las necesidades más elementales a todos los venezolanos, al menos de momento.

Como economía pequeña y precio-aceptante, carecemos de cualquier poder de negociación real a la hora de negociar acuerdos comerciales con grandes países o a la hora de establecer negociaciones multilaterales como la pasada cumbre de Copenhague o las negociaciones de la OMC. Nuestro poder de negociación en la OPEP es cuestión de otro tema que no tocaré aquí.

Tomando en cuenta todos estos factores, mi propuesta es la siguiente: Regresar a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y trabajar para que esta sea un mecanismo de integración mucho más fuerte del que ha sido hasta ahora.


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