Hay turbulencia en el mundo. En Asia, China y
Japón se amenazan con las armas por unas isletas. En Venezuela, Chávez amenaza con guerra civil
si pierde las elecciones y, en España, los extremistas de muchos bandos han tomado
protagonismo y sus principales consignas pasan por botar a la basura la única
constitución que le ha dado paz, progreso y estabilidad a dicho país.
Tantos años y generaciones nacidas en
una paz mundial sin precedentes han hecho que se nos olviden las causas de la
paz y lo frágil que ésta puede ser. En mi opinión, la causa principal de la paz
es el respeto a normas de convivencia comunes y a las instituciones que sirven
de árbitros para dirimir los conflictos que van surgiendo a través del tiempo,
tanto entre países como a nivel interno de cada país.
Es un error despreciar la historia con
el argumento vacío de que “eso pasó en otros tiempos”. Si los chavistas quieren
armar una guerra civil, a lo mejor no la ganan, pero el daño que harían tanto
material como en vidas humanas sería incalculable. Si el conflicto en Cataluña
sigue subiendo de tono (en mi opinión ya ha subido demasiado y nunca ha debido llegar hasta aquí), España puede meterse en un serio conflicto consigo
misma cuyo resultado nadie puede predecir pero sí podemos imaginarnos que no
será nada bonito. Si las cosas van demasiado lejos, el escenario más optimista
es la aplicación a rajatabla del 155 de la Constitución que prevé la suspensión
de la autonomía en caso de ser necesario. El escenario más apocalíptico es,
obviamente, la consumación de la secesión de una Comunidad Autónoma que
representa el 18% del PIB nacional…con consecuencias políticas y sociales impredecibles
tanto en Cataluña (que quedaría fuera de la UE y sin perspectivas de entrar) como
en el resto de España. Me atrevo a afirmar que las consecuencias de la secesión
serían tan devastadoras en todos los sentidos, que antes de irse Cataluña, se
va la democracia. De Japón y China no quiero ni hablar ya que las consecuencias
de una escalada bélica entre las dos mayores potencias asiáticas, una de ellas
con el apoyo total de EEUU, serían inimaginables. Así que asumamos que, al
menos, en este último caso se impondrá el sentido común. Si no por voluntad,
por miedo.
Si algo nos enseña la historia es que
cada vez que se echan a la basura las normas de convivencia entre la gente, los
Estados entre ellos y dentro de ellos, las cosas terminan muy mal. Me parecería
muy triste que mi generación, al no haber vivido los horrores de la guerra, consienta
la ruptura de todo el orden jurídico, social y político que los seres humanos
nos hemos dado en nuestros países.
Ojalá el sentido común se imponga en
los tres ejemplos que he mencionado y en el resto de conflictos que actualmente
hay. Las normas están para respetarlas...por el bien de todos, esperemos que éstas imperen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario