miércoles, 30 de septiembre de 2015

Imposible es sólo una opinión.

“Este pana no puede ser mucho mayor que nosotros” fue lo que pensé esa mañana de sábado en la que Álvaro, nuestro formador en la Sociedad de Debate, nos mostró, como ejemplos de refutaciones bien hechas, trozos de varios discursos de un joven diputado autonómico catalán que en aquel entonces era desconocido. Álvaro nos contó entonces que Rivera, el mencionado diputado, había pertenecido al club de debate de la Universidad Ramon Llull y que, representando a esa universidad, participó en laLiga Nacional de Debate de 2001. Con ese dato, llegué a mi primera conclusión personal sobre el Sr. Rivera: “con razón habla así…he’s one of us!” (sé que suena arrogante, pero fue lo primero que me vino a la cabeza). Podrán entender que para mí, ver a alguien que con sólo 3 diputados (de 135) le dijese al presidente autonómico (el cargo equivalente en Venezuela sería el de gobernador) las verdades que ni siquiera el jefe formal de la oposición se atrevía a decir, era algo inspirador. ¡Ya me gustaría a mí –pensé- poder decirle al Alto Chavismo las verdades que en su cara le dice Rivera a Montilla o a Artur Mas!. Poco sabía entonces que Chávez moriría antes de yo terminar la universidad y que sus sucesores se encargarían de encarcelar, en el mejor de los casos, a prácticamente todo aquel que se atreviese a decir 1/4 de lo que decía Rivera en sus discursos.

Verán, resulta que en la universidad uno puede aprender economía, derecho, periodismo, medicina, ingeniería…en fin, la carrera que uno elija. Pero poca gente aprende a defender sus ideas con claridad.

Tan solo un mes antes de yo irme de Venezuela, unos estudiantes que habíamos salido a protestar por el injusto cierre de RCTV, habíamos logrado detener en las urnas a Chávez por primera vez. Lo hicimos porque nuestra protesta evolucionó en una campaña de concientización que, a su vez, desembocó en una campaña electoral por el ‘NO’ a una reforma constitucional que prácticamente enterraba a la democracia que tenía ya casi 50 años vigente en el país…poco sabíamos que nuestra democracia solamente sobrevivió para morir otro día…pero eso es harina de otro costal. El caso es que fue en esa campaña en donde me di cuenta de que pocas cosas son más importantes que saber convencer. Convenciendo se puede fortalecer una democracia o acabar con ella. Convenciendo, puedes vender un iPod como algo revolucionario cuando en verdad ya los reproductores de mp3 tenían años en el mercado. Convenciendo, un profesor puede cambiar la vida de su alumno al despertarle el interés en una disciplina determinada o introducirle a nuevas ideas y corrientes de pensamiento.

Al entrar en debates, a ese objetivo de aprender a convencer se le añadieron otras dos palabras igual o más importantes: con ética. Nuestros 3 formadores eran, para mí, un dream team. Uno nos enseñaba cómo decir las cosas, a buscar nuestra voz interna y hacernos fuertes con ella; el otro, nos enseñaba cómo hacer para que esas formas tuvieran un fondo sólido y apoyado, si se podía, por estudios y expertos del tema que estuviésemos discutiendo; y nuestra tercera formadora nos enseñaba todos los detalles de los debates de competición y qué detalles teníamos que tener en cuenta en cada situación. Los 3 tenían, como puntos en común, su foco en inculcarnos que los debates debían ser de altura (“preparación, preparación y preparación”, solían repetir) y el juego debía ser limpio, entendiendo en este caso el juego limpio como no inventarse datos, hechos o argumentos…y tampoco dejar que el contrario lo haga.

Convencer con mentiras, medias verdades o afirmaciones carentes de toda lógica te convierte en lo peor que puedes ser en este mundo: un mentiroso, un manipulador y, en fin, un demagogo. Precisamente es de ellos de quienes nos queremos librar y para ello es que aprendemos a debatir: para que en el mundo de la empresa triunfen las mejores ideas y los mejores proyectos, para que los académicos puedan hacer saber al mundo de sus logros sin que la gente se duerma en sus discursos, y -no menos importante- para ver si algún día los que hablan con sentimiento de superioridad y prometen el paraíso en la tierra sin trabajo alguno dejan de ganar elecciones.

Hace 2 días, en las elecciones catalanas, ese partido cuyo líder fue miembro de un club de debates similar al mío, una persona que no ha tenido miedo en utilizar todas las herramientas que tan maravillosa disciplina nos ha dado para expresarnos con claridad, coherencia y, sobre todo, fondo, ha actuado de doble muro de contención. Por un lado, ha logrado romper la hegemonía de un discurso nacionalista impuesto por los que hasta hace poco eran los partidos hegemónicos. Por el otro, ha convertido en marginales a las fuerzas de los populistas que, como en mi tierra, pretenden ganar las elecciones a base de medias verdades y con carencia absoluta de un proyecto de país. 

¡Felicidades a Ciudadanos-C's! Espero que el auge de este partido demócrata-liberal español sea sólo el principio. Espero que en Iberoamérica, y en particular en Venezuela, tomemos el ejemplo de este grupo de personas que empezaron a actuar con la creencia de que con sinceridad, coherencia y claridad en el mensaje se puede llegar muy lejos.

Imposible es sólo una opinión.