“Este
pana no puede ser mucho mayor que nosotros” fue lo que pensé esa mañana de
sábado en la que Álvaro, nuestro formador en la Sociedad de Debate, nos mostró,
como ejemplos de refutaciones bien hechas, trozos de varios discursos de un
joven diputado autonómico catalán que en aquel entonces era desconocido. Álvaro
nos contó entonces que Rivera, el mencionado diputado, había pertenecido al
club de debate de la Universidad Ramon Llull y que, representando a esa universidad, participó en laLiga Nacional de Debate de 2001. Con ese dato, llegué a mi primera conclusión personal
sobre el Sr. Rivera: “con razón habla así…he’s one of us!” (sé que
suena arrogante, pero fue lo primero que me vino a la cabeza). Podrán entender
que para mí, ver a alguien que con sólo 3 diputados (de 135) le dijese al
presidente autonómico (el cargo equivalente en Venezuela sería el de
gobernador) las verdades que ni siquiera el jefe formal de la oposición se
atrevía a decir, era algo inspirador. ¡Ya me gustaría a mí –pensé- poder
decirle al Alto Chavismo las verdades que en su cara le dice Rivera
a Montilla o a Artur Mas!. Poco sabía entonces que Chávez moriría
antes de yo terminar la universidad y que sus sucesores se encargarían de
encarcelar, en el mejor de los casos, a prácticamente todo aquel que se
atreviese a decir 1/4 de lo que decía Rivera en sus discursos.
Verán,
resulta que en la universidad uno puede aprender economía, derecho, periodismo,
medicina, ingeniería…en fin, la carrera que uno elija. Pero poca gente aprende
a defender sus ideas con claridad.
Tan
solo un mes antes de yo irme de Venezuela, unos estudiantes que habíamos salido
a protestar por el injusto cierre de RCTV, habíamos logrado detener en las
urnas a Chávez por primera vez. Lo hicimos porque nuestra protesta evolucionó
en una campaña de concientización que, a su vez, desembocó en una campaña
electoral por el ‘NO’ a una reforma constitucional que prácticamente enterraba a la democracia que tenía ya casi 50 años vigente en el país…poco
sabíamos que nuestra democracia solamente sobrevivió para morir otro día…pero
eso es harina de otro costal. El caso es que fue en esa campaña en donde me di cuenta de que pocas
cosas son más importantes que saber convencer. Convenciendo se puede fortalecer
una democracia o acabar con ella. Convenciendo, puedes vender un iPod como algo
revolucionario cuando en verdad ya los reproductores de mp3 tenían años en el
mercado. Convenciendo, un profesor puede cambiar la vida de su alumno al
despertarle el interés en una disciplina determinada o introducirle a nuevas
ideas y corrientes de pensamiento.
Al
entrar en debates, a ese objetivo de aprender a convencer se le añadieron otras
dos palabras igual o más importantes: con ética. Nuestros 3 formadores eran,
para mí, un dream team. Uno nos
enseñaba cómo decir las cosas, a buscar nuestra voz interna y hacernos fuertes con ella; el otro, nos enseñaba cómo hacer para que esas formas tuvieran un fondo sólido y apoyado, si se
podía, por estudios y expertos del tema que estuviésemos discutiendo; y nuestra
tercera formadora nos enseñaba todos los detalles de los debates de competición
y qué detalles teníamos que tener en cuenta en cada situación. Los 3 tenían, como puntos en
común, su foco en inculcarnos que los debates debían ser de altura (“preparación,
preparación y preparación”, solían repetir) y el juego debía ser limpio,
entendiendo en este caso el juego limpio como no inventarse datos, hechos o
argumentos…y tampoco dejar que el contrario lo haga.
Convencer
con mentiras, medias verdades o afirmaciones carentes de toda lógica te
convierte en lo peor que puedes ser en este mundo: un mentiroso, un manipulador
y, en fin, un demagogo. Precisamente es de ellos de quienes nos queremos librar
y para ello es que aprendemos a debatir: para que en el mundo de la empresa
triunfen las mejores ideas y los mejores proyectos, para que los académicos puedan hacer saber al mundo
de sus logros sin que la gente se duerma en sus discursos, y -no menos
importante- para ver si algún día los que hablan con sentimiento de
superioridad y prometen el paraíso en la tierra sin trabajo alguno dejan de ganar
elecciones.
Hace 2
días, en las elecciones catalanas, ese partido cuyo líder fue miembro de un club de debates similar al mío, una persona que no ha tenido miedo en utilizar todas las
herramientas que tan maravillosa disciplina nos ha dado para expresarnos con
claridad, coherencia y, sobre todo, fondo, ha actuado de doble muro de
contención. Por un lado, ha logrado romper la hegemonía de un discurso
nacionalista impuesto por los que hasta hace poco eran los partidos hegemónicos. Por el otro, ha convertido en marginales a las fuerzas de
los populistas que, como en mi tierra, pretenden ganar las elecciones a base de
medias verdades y con carencia absoluta de un proyecto de país.
¡Felicidades a Ciudadanos-C's! Espero que el auge de este partido demócrata-liberal español sea sólo el principio. Espero que en Iberoamérica, y en particular en Venezuela, tomemos el ejemplo de este grupo de personas que empezaron a actuar con la creencia de que con sinceridad, coherencia y claridad en el mensaje se puede llegar muy lejos.
Imposible es sólo una opinión.
¡Felicidades a Ciudadanos-C's! Espero que el auge de este partido demócrata-liberal español sea sólo el principio. Espero que en Iberoamérica, y en particular en Venezuela, tomemos el ejemplo de este grupo de personas que empezaron a actuar con la creencia de que con sinceridad, coherencia y claridad en el mensaje se puede llegar muy lejos.
Imposible es sólo una opinión.
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