jueves, 27 de septiembre de 2012
Turbulencia
miércoles, 22 de agosto de 2012
Otra vez Gran Bretaña
martes, 31 de mayo de 2011
Decisiones Importantes
De ganar las próximas elecciones presidenciales, el próximo Jefe de Estado se verá en una situación extremadamente delicada.
En primer lujar, tendrá a una oposición muy poderosa que controlará la AN, el TSJ, el CNE y que tendrá también sus simpatías dentro del ejército. Una oposición con un líder bien definido (Chávez) y que no tendrá otro objetivo que derrocar al nuevo gobierno cuanto antes, así eso signifique incendiar el país (ya hemos visto tanto en los intentos de golpe de Estado del ’92 como en el manejo del gobierno que a los dirigentes del PSUV no les importa destruir al país con tal y ellos estén y permanezcan en el gobierno). ¿Podrá lograrse consensos con una oposición así? Yo no lo veo tan claro. Estoy convencido de que a menos que haya un cambio de actitud por parte del PSUV, habrá que diseñar estrategias para desplazarlos de las instituciones clave en la mayor brevedad de tiempo posible para poder darle un margen de estabilidad y gobernabilidad a la nueva administración (claro, siempre respetando las leyes y la Constitución).
En segundo lugar, el nuevo gobierno recibirá a un país económicamente en ruinas: una PDVSA desmantelada y saqueada (de la que no tenemos casi información de sus finanzas y nada de información acerca de su producción), un cierre casi total de todo el parque industrial del país, nuestras reservas de la faja del Orinoco hipotecadas a empresas brasileñas, rusas y chinas, una política fiscal y monetaria que ha hecho que hoy tengamos la inflación más alta del mundo, gran parte de nuestras finanzas públicas derrochándose mediante el subsidio a la gasolina, el mantenimiento por parte del Estado de una nómina gigantesca de personas no productivas tanto en PDVSA como en los ministerios (muchos de los cuales son prescindibles), un control de cambios que aísla a nuestra economía y sobre el cual no hay consenso sobre cómo salir, etc.
Por último (de los puntos que aquí mencionaré, porque hay muchísimos problemas más que si me pongo a hablar de ellos tardaré toda la vida), está la cuestión de qué hacer con el “alto chavismo”, es decir, aquellos que durante el actual régimen han aprovechado su posición para cometer toda clase de delitos. Desde enriquecerse ilícitamente hasta enaltecer el delito, como en el caso de Jorge Rodríguez felicitando a los pistoleros que ilegalmente asaltaron armados la sede de la Alcaldía Metropolitana o los casos de acumulación de inmensas fortunas por parte de altos dirigentes como Diosdado Cabello y Rafael Ramírez, entre otros. Sin hablar del sinfín de delitos que ha cometido el mismo Presidente de la República.
Todos estos serán temas vitales y de extrema urgencia para la nueva administración. De no tratarlos, o de hacerlo mal, se pondría en jaque el regreso de la democracia. Una mala gestión podría significar el regreso definitivo del chavismo al poder. En las manos del nuevo gobierno estará el que Venezuela regrese de una vez por todas a un sistema de libertades o que este se termine de extinguir. ¿Habrá el coraje necesario para tomar las decisiones difíciles sin que tiemble el pulso? Sólo el tiempo lo dirá.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Venezuela y la CAN (3)
Situación actual de la CAN y retos para el futuro.
A pesar de todo lo que se avanzó en términos de integración desde finales de los ’80 hasta 1999, el rebrote de fuertes divisiones ideológicas no sólo nos ha llevado a salirnos de la CAN sino que ha puesto en jaque todo el sistema de integración andino. La firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) con EEUU por parte de Perú y de Colombia (aunque sólo haya sido ratificado el de Perú) ha puesto en peligro a la unión aduanera al romper el arancel externo común. De la misma manera, Bolivia ha estado desarrollando una política comercial propia al margen del resto de la CAN, hecho que también amenaza a la unión aduanera.
Vistas las ventajas del proceso de integración andino en contraste con los demás, hay que destacar que el obstáculo más importante es el mencionado en el párrafo anterior: La fuerte división ideológica actual. Por un lado, Perú y Colombia están decididos a abrir sus mercados al mundo y, por el otro, Ecuador y Bolivia ven en la apertura una amenaza a sus precarias industrias y sostienen que el libre comercio con grandes países o bloques de países los perjudicará. Ambas posiciones pueden parecer, en apariencia, irreconciliables. Digo en apariencia porque si se toma en cuenta que el fin último de ambas posturas es crear empleos y bienestar material en su población (que unos sostienen que se logra mediante la exportación a los grandes mercados mundiales y otros afirman que se logra mediante la “autosuficiencia” o autarquía), se pueden empezar a buscar puntos en común, los cuales pueden servir de base para empezar a superar estas diferencias ideológicas que tanto daño nos hacen.
De nada sirve ser parte de un proceso de integración si en la práctica vamos a seguir negociando las cosas importantes como un país pequeño en vez de hacerlo como gran bloque de países. El poder de negociación que ganamos como bloque es inmenso: No es lo mismo sentarse en una mesa de negociación representando a un mercado de 28 millones de personas (como es el caso de Venezuela) que sentarse en la misma mesa representando a un mercado de 128 millones de personas (población estimada de los países miembros de la C.A.N. + Venezuela).
Por tanto, tanto los países aperturistas como los que no lo son tienen que entender que si cada uno va por su lado, mal vamos. Es poco lo que puede ganar Perú firmando un TLC con, digamos, China. También es poco lo que puede hacer si China o EEUU incumplen las condiciones de su TLC. En cambio, es mucho más factible que en un tratado comercial con un país grande o con la UE se logren mejores acuerdos para nuestros productores y consumidores y, además, se hagan cumplir las cláusulas de dichos acuerdos.
Pero para construir un bloque de tal naturaleza (y que este perdure en el tiempo) debemos empezar a aceptar a los otros gobiernos tal y como son, sean de derecha o de izquierda (o de alguno de los extremos) y dialogar en base a cuestiones prácticas. ¿O vamos a seguir creyendo que le podemos imponer un gobierno (o una ideología) a un país hermano sin que haya consecuencias perjudiciales para la integración?
lunes, 1 de noviembre de 2010
Venezuela y la CAN (2)
¿Por qué la CAN y no UNASUR o MERCOSUR?
Básicamente porque el MERCOSUR es un mecanismo dominado por Brasil y Argentina y estos son los que imponen sus intereses en dicho club. La UNASUR tiene más o menos el mismo problema, aunque es muy útil en lo que respecta a un mecanismo de colaboración diplomática y en sus cláusulas existe la intención de crear una zona de libre comercio en Suramérica, en las cuestiones más importantes es la voz de Brasil, y si acaso la de Argentina, las que finalmente se terminan imponiendo.
En cambio, La CAN está formada por países más o menos homogéneos en cuanto a tamaño de la economía, tamaño territorial y número de habitantes (siendo el primer y el tercer factor los más importantes). Esto hace que las negociaciones “internas” (entre estados miembros) sean de igual a igual, con las ventajas que conlleva para nuestro interés nacional. Además, aunque nos hayamos salido de la CAN, dentro de ella siguen existiendo instituciones y tratados (que se siguen desarrollando dentro de los países miembros) producto del esfuerzo que se ha hecho durante décadas en pro de la integración.
Como consecuencia de lo explicado anteriormente, la dinámica de la CAN y la del MERCOSUR son muy distintas. Todo el mundo sabe que, en la práctica, Uruguay y Paraguay no pintan nada en las negociaciones internas del MERCOSUR. Igualmente se sabe que dentro de la CAN, la voz y el voto de cada país miembro es muy importante.