jueves, 27 de septiembre de 2012

Turbulencia


Hay turbulencia en el mundo. En Asia, China y Japón se amenazan con las armas por unas isletas. En Venezuela, Chávez amenaza con guerra civil si pierde las elecciones y, en España, los extremistas de muchos bandos han tomado protagonismo y sus principales consignas pasan por botar a la basura la única constitución que le ha dado paz, progreso y estabilidad a dicho país.

Tantos años y generaciones nacidas en una paz mundial sin precedentes han hecho que se nos olviden las causas de la paz y lo frágil que ésta puede ser. En mi opinión, la causa principal de la paz es el respeto a normas de convivencia comunes y a las instituciones que sirven de árbitros para dirimir los conflictos que van surgiendo a través del tiempo, tanto entre países como a nivel interno de cada país.

Es un error despreciar la historia con el argumento vacío de que “eso pasó en otros tiempos”. Si los chavistas quieren armar una guerra civil, a lo mejor no la ganan, pero el daño que harían tanto material como en vidas humanas sería incalculable. Si el conflicto en Cataluña sigue subiendo de tono (en mi opinión ya ha subido demasiado y nunca ha debido llegar hasta aquí), España puede meterse en un serio conflicto consigo misma cuyo resultado nadie puede predecir pero sí podemos imaginarnos que no será nada bonito. Si las cosas van demasiado lejos, el escenario más optimista es la aplicación a rajatabla del 155 de la Constitución que prevé la suspensión de la autonomía en caso de ser necesario. El escenario más apocalíptico es, obviamente, la consumación de la secesión de una Comunidad Autónoma que representa el 18% del PIB nacional…con consecuencias políticas y sociales impredecibles tanto en Cataluña (que quedaría fuera de la UE y sin perspectivas de entrar) como en el resto de España. Me atrevo a afirmar que las consecuencias de la secesión serían tan devastadoras en todos los sentidos, que antes de irse Cataluña, se va la democracia. De Japón y China no quiero ni hablar ya que las consecuencias de una escalada bélica entre las dos mayores potencias asiáticas, una de ellas con el apoyo total de EEUU, serían inimaginables. Así que asumamos que, al menos, en este último caso se impondrá el sentido común. Si no por voluntad, por miedo.

Si algo nos enseña la historia es que cada vez que se echan a la basura las normas de convivencia entre la gente, los Estados entre ellos y dentro de ellos, las cosas terminan muy mal. Me parecería muy triste que mi generación, al no haber vivido los horrores de la guerra, consienta la ruptura de todo el orden jurídico, social y político que los seres humanos nos hemos dado en nuestros países.

Ojalá el sentido común se imponga en los tres ejemplos que he mencionado y en el resto de conflictos que actualmente hay. Las normas están para respetarlas...por el bien de todos, esperemos que éstas imperen.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Otra vez Gran Bretaña


Por alguna razón, en América Latina (y especialmente en Venezuela), cuando uno crece, uno aprende de política en una sociedad que está dividida entre dos polos que son muy similares en todos los países de la región: O se es muy pro-anglosajón, es decir, fanático extremo de EEUU y Gran Bretaña, o se es “anti-imperialista”. La segunda siempre me ha causado un rechazo frontal. Siempre estuve más del lado “pro-anglo”. La música, el cine y la TV tanto gringa como británica es algo que siempre me ha encantado. Pero más que todo, a la hora de elegir bandos, siempre me ha dado alergia estar de acuerdo en algo con algún chavista.

Verán, a mí me tocó aprender de política fue en el año 2002. Ese año, el día de mi cumpleaños número 15 hubo un paro nacional que 48 horas después desembocaría en el famoso golpe de Estado del 11 de abril de 2002. Meses más tarde se rebelaron unos militares y, en diciembre, se convocó a un paro nacional indefinido que terminó paralizando a buena parte de la industria nacional (y a la totalidad de la industria petrolera) durante dos meses. Me parecía a mí de lo más normal que uno fuese chavista u opositor, pro-EEUU o anti-EEUU, capitalista o comunista. No había término medio, no cabía un término medio.

Afortunadamente, la lectura y la distancia lograron colocarme en esa valiosa posición que mi mamá llama “ni lo uno, ni lo otro sino todo lo contrario”. Descubrí que para ser opositor no necesariamente hay que ser lo que el Chigüire Bipolar llama “una viejita del Cafetal”, que uno puede ser capitalista y a la vez estar a favor de un sistema impositivo que, como en Europa, corrija parcialmente las desigualdades extremas. Aprendí que uno puede ser amante de la libertad sin tener por eso que estar a favor de EEUU y Gran Bretaña.

Pero quizás lo más valioso que he aprendido (en cuanto a política) estando afuera de mi país y de América Latina, es que en lo que a política exterior se refiere, los países grandes y poderosos siempre se salen con la suya sin importar lo que digan las leyes internacionales. Sin ir más allá: en la UE, Alemania y Francia pueden violar los tratados impunemente mientras que países como Grecia, Irlanda, Portugal, Italia y España son forzados a tomar medidas extremadamente drásticas por hacer no menos violaciones que Alemania y Francia a los mismos tratados. Otro buen ejemplo es el de la autoridad de la ONU: Cuando es irrespetada por Libia, dicho país es bombardeado y prácticamente invadido, pero cuando es irrespetada por Gran Bretaña no pasa nada…ni sanciones económicas ni reproches de ningún país desarrollado…nada.

Como si no fuera suficiente para Gran Bretaña con desobedecer en reiteradas ocasiones a la ONU cuando ésta le insta a dialogar con la República Federal Argentina sobre el asunto de las Islas Malvinas (sí, leyeron bien, la ONU sólo pide que G.B. dialogue y ni a esto le hacen caso), como si no fuera suficiente con amenazar con violar el Tratado de Lisboa al restringir la libre circulación de ciudadanos europeos por territorio británico, es decir, territorio europeo…como si no fuera suficiente todo esto, los británicos hoy por hoy tienen amenazada a la República de Ecuador con asaltar la embajada de ese país en Londres porque simplemente no les da la gana de respetar el derecho internacional cuando a ellos les toca perder.

Sin que pase nada; Venezuela ha visto cómo se ocupa por la fuerza el 14% de su territorio, Argentina ve cómo las autoridades internacionales lo son para unos pero no para otros y ahora Ecuador se encuentra con que hay países que son demasiado pequeños para poder tener el derecho a decidir a quién le dan asilo político y a quién no. Todo esto es por arbitrariedades de un solo país. ¿Hasta cuándo se va a tolerar tanta prepotencia?.

Quizás algo realmente revolucionario, anti-imperialista y a la vez pro-globalización sería algo tan sencillo y a la vez tan difícil como respetar y hacer respetar las leyes y las instituciones internacionales. ¿Para qué firmar un tratado, llámese Lisboa, Maastricht o Convención de Viena, si luego no lo van a cumplir?. Aquí ya no es cuestión de defender ideología alguna, sino de tener sentido común.

martes, 31 de mayo de 2011

Decisiones Importantes

De ganar las próximas elecciones presidenciales, el próximo Jefe de Estado se verá en una situación extremadamente delicada.

En primer lujar, tendrá a una oposición muy poderosa que controlará la AN, el TSJ, el CNE y que tendrá también sus simpatías dentro del ejército. Una oposición con un líder bien definido (Chávez) y que no tendrá otro objetivo que derrocar al nuevo gobierno cuanto antes, así eso signifique incendiar el país (ya hemos visto tanto en los intentos de golpe de Estado del ’92 como en el manejo del gobierno que a los dirigentes del PSUV no les importa destruir al país con tal y ellos estén y permanezcan en el gobierno). ¿Podrá lograrse consensos con una oposición así? Yo no lo veo tan claro. Estoy convencido de que a menos que haya un cambio de actitud por parte del PSUV, habrá que diseñar estrategias para desplazarlos de las instituciones clave en la mayor brevedad de tiempo posible para poder darle un margen de estabilidad y gobernabilidad a la nueva administración (claro, siempre respetando las leyes y la Constitución).

En segundo lugar, el nuevo gobierno recibirá a un país económicamente en ruinas: una PDVSA desmantelada y saqueada (de la que no tenemos casi información de sus finanzas y nada de información acerca de su producción), un cierre casi total de todo el parque industrial del país, nuestras reservas de la faja del Orinoco hipotecadas a empresas brasileñas, rusas y chinas, una política fiscal y monetaria que ha hecho que hoy tengamos la inflación más alta del mundo, gran parte de nuestras finanzas públicas derrochándose mediante el subsidio a la gasolina, el mantenimiento por parte del Estado de una nómina gigantesca de personas no productivas tanto en PDVSA como en los ministerios (muchos de los cuales son prescindibles), un control de cambios que aísla a nuestra economía y sobre el cual no hay consenso sobre cómo salir, etc.

Por último (de los puntos que aquí mencionaré, porque hay muchísimos problemas más que si me pongo a hablar de ellos tardaré toda la vida), está la cuestión de qué hacer con el “alto chavismo”, es decir, aquellos que durante el actual régimen han aprovechado su posición para cometer toda clase de delitos. Desde enriquecerse ilícitamente hasta enaltecer el delito, como en el caso de Jorge Rodríguez felicitando a los pistoleros que ilegalmente asaltaron armados la sede de la Alcaldía Metropolitana o los casos de acumulación de inmensas fortunas por parte de altos dirigentes como Diosdado Cabello y Rafael Ramírez, entre otros. Sin hablar del sinfín de delitos que ha cometido el mismo Presidente de la República.

Todos estos serán temas vitales y de extrema urgencia para la nueva administración. De no tratarlos, o de hacerlo mal, se pondría en jaque el regreso de la democracia. Una mala gestión podría significar el regreso definitivo del chavismo al poder. En las manos del nuevo gobierno estará el que Venezuela regrese de una vez por todas a un sistema de libertades o que este se termine de extinguir. ¿Habrá el coraje necesario para tomar las decisiones difíciles sin que tiemble el pulso? Sólo el tiempo lo dirá.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Venezuela y la CAN (3)

Situación actual de la CAN y retos para el futuro.


A pesar de todo lo que se avanzó en términos de integración desde finales de los ’80 hasta 1999, el rebrote de fuertes divisiones ideológicas no sólo nos ha llevado a salirnos de la CAN sino que ha puesto en jaque todo el sistema de integración andino. La firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) con EEUU por parte de Perú y de Colombia (aunque sólo haya sido ratificado el de Perú) ha puesto en peligro a la unión aduanera al romper el arancel externo común. De la misma manera, Bolivia ha estado desarrollando una política comercial propia al margen del resto de la CAN, hecho que también amenaza a la unión aduanera.

Vistas las ventajas del proceso de integración andino en contraste con los demás, hay que destacar que el obstáculo más importante es el mencionado en el párrafo anterior: La fuerte división ideológica actual. Por un lado, Perú y Colombia están decididos a abrir sus mercados al mundo y, por el otro, Ecuador y Bolivia ven en la apertura una amenaza a sus precarias industrias y sostienen que el libre comercio con grandes países o bloques de países los perjudicará. Ambas posiciones pueden parecer, en apariencia, irreconciliables. Digo en apariencia porque si se toma en cuenta que el fin último de ambas posturas es crear empleos y bienestar material en su población (que unos sostienen que se logra mediante la exportación a los grandes mercados mundiales y otros afirman que se logra mediante la “autosuficiencia” o autarquía), se pueden empezar a buscar puntos en común, los cuales pueden servir de base para empezar a superar estas diferencias ideológicas que tanto daño nos hacen.

De nada sirve ser parte de un proceso de integración si en la práctica vamos a seguir negociando las cosas importantes como un país pequeño en vez de hacerlo como gran bloque de países. El poder de negociación que ganamos como bloque es inmenso: No es lo mismo sentarse en una mesa de negociación representando a un mercado de 28 millones de personas (como es el caso de Venezuela) que sentarse en la misma mesa representando a un mercado de 128 millones de personas (población estimada de los países miembros de la C.A.N. + Venezuela).

Por tanto, tanto los países aperturistas como los que no lo son tienen que entender que si cada uno va por su lado, mal vamos. Es poco lo que puede ganar Perú firmando un TLC con, digamos, China. También es poco lo que puede hacer si China o EEUU incumplen las condiciones de su TLC. En cambio, es mucho más factible que en un tratado comercial con un país grande o con la UE se logren mejores acuerdos para nuestros productores y consumidores y, además, se hagan cumplir las cláusulas de dichos acuerdos.

Pero para construir un bloque de tal naturaleza (y que este perdure en el tiempo) debemos empezar a aceptar a los otros gobiernos tal y como son, sean de derecha o de izquierda (o de alguno de los extremos) y dialogar en base a cuestiones prácticas. ¿O vamos a seguir creyendo que le podemos imponer un gobierno (o una ideología) a un país hermano sin que haya consecuencias perjudiciales para la integración?

lunes, 1 de noviembre de 2010

Venezuela y la CAN (2)

¿Por qué la CAN y no UNASUR o MERCOSUR?

Básicamente porque el MERCOSUR es un mecanismo dominado por Brasil y Argentina y estos son los que imponen sus intereses en dicho club. La UNASUR tiene más o menos el mismo problema, aunque es muy útil en lo que respecta a un mecanismo de colaboración diplomática y en sus cláusulas existe la intención de crear una zona de libre comercio en Suramérica, en las cuestiones más importantes es la voz de Brasil, y si acaso la de Argentina, las que finalmente se terminan imponiendo.

En cambio, La CAN está formada por países más o menos homogéneos en cuanto a tamaño de la economía, tamaño territorial y número de habitantes (siendo el primer y el tercer factor los más importantes). Esto hace que las negociaciones “internas” (entre estados miembros) sean de igual a igual, con las ventajas que conlleva para nuestro interés nacional. Además, aunque nos hayamos salido de la CAN, dentro de ella siguen existiendo instituciones y tratados (que se siguen desarrollando dentro de los países miembros) producto del esfuerzo que se ha hecho durante décadas en pro de la integración.

Como consecuencia de lo explicado anteriormente, la dinámica de la CAN y la del MERCOSUR son muy distintas. Todo el mundo sabe que, en la práctica, Uruguay y Paraguay no pintan nada en las negociaciones internas del MERCOSUR. Igualmente se sabe que dentro de la CAN, la voz y el voto de cada país miembro es muy importante.