sábado, 12 de junio de 2010

Errores en una década decadente I: 1999-2000, la CSJ

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La destrucción de una democracia que llevaba casi medio siglo le parecía una tarea imposible a cualquiera. Hace 11 años casi nadie creía que Chávez fuese a ser el tirano que es y confiados le votamos (o dejamos de votar en contra de) una constitución a su medida. Pero empecemos por el principio, hay que fijarse bien en cuáles han sido nuestros errores que han contribuido a atornillarlo en el poder para así, el día después, no repetirlos.

El primero fue, sin duda alguna, permitirle hacer una nueva constitución. No me cabe la menor duda de que muchos de los jueces de la antigua CSJ deben estar hoy arrepentidos de haber sentenciado que por el artículo 4 de la Constitución de 1961 (que decía textualmente: La soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce mediante el sufragio, por los órganos del Poder Público) se le podía preguntar a la gente, mediante un referéndum, si quería o no convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Ignorando así el procedimiento legal para hacer una nueva constitución que estaba estipulado explícitamente en la misma carta magna de 1961. Tal sentencia, a mi juicio, contribuyó a la destrucción de nuestra democracia incluso más que el propio perdón presidencial de Caldera. Una vez clavada semejante puñalada a la democracia no se podía hacer mucho.

La oposición, sin ser muy consciente del peligro que se venía encima, postuló a sus candidatos a la constituyente sin unidad alguna porque en ese entonces el presidente no había logrado polarizar al país como sí lo logro un par de años más tarde. Cada partido era independiente del otro y el chavismo era otra fuerza política entre muchas. Tal y como estaban las cosas, al chavismo le fue fácil conquistar la mayoría en la constituyente y así redactar y aprobar una constitución a su medida. Cabe destacar que tanto en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente como en el referéndum en el que se aprobó la nueva constitución hubo abstenciones del 62,35% y 55,62% respectivamente (según datos del CNE).


En aparente calma, no sólo se aprobó la Constitución de 1999 sino que también se “renovaron” todos los cargos de elección popular en el 2000, esto es, se convocó a elecciones generales. En dichas elecciones, el chavismo conquista la mayoría de las gobernaciones y alcaldías (antes tenía muy pocas) y su coalición obtuvo más de 100 diputados, es decir, una mayoría que rozaba los 2/3. De esta manera, en diciembre de 2000, Chávez había consolidado un poder que ningún presidente desde la caída de Marcos Pérez Jiménez había tenido: Seis años con posibilidad de reelección en vez de cinco sin reelección y un parlamento que paso de ser abiertamente hostil a ser vergonzosamente sumiso. A esto llevó la terrible decisión de la CSJ de 1999.

viernes, 4 de junio de 2010

Emigración (Parte II)

En esta parte de los escritos que he decidido titular Emigración, quiero resaltar uno de los aspectos de la emigración que mayores beneficios puede traerle al país: la influencia. La influencia cultural que podemos ejercer sobre las sociedades anfitrionas como consecuencia del continuo intercambio de tradiciones y costumbres que trae la convivencia de culturas distintas es el factor clave en todo este tema. ¿Por qué? Pues porque es eso lo que va a convertir un pequeño mercado de consumidores venezolanos en un gran mercado de consumidores del país X. Es la influencia cultural la que verdaderamente le va a abrir las puertas a nuestros productos en los mercados internacionales.

Pongo un ejemplo que es muy cercano tanto para los venezolanos como para los españoles: la migración masiva de españoles hacia Venezuela a mediados de siglo veinte trajo como consecuencia, entre otras cosas, la revitalización de la histórica influencia cultural española en Venezuela. Esto trajo como consecuencia la apertura en nuestras ciudades de varios restaurantes españoles, escuelas de baile de flamenco y sevillanas, etc. El aceite de oliva español y los vinos españoles alcanzaron en las últimas décadas niveles significativos entre nuestras importaciones (claro está, esto era así hasta antes del control de cambios y la crónica escasez de divisas que actualmente padecemos, ahora el gobierno decide por nosotros lo que “necesitamos” y lo que “no necesitamos”, pero este es otro tema). Estos restaurantes y academias, así como las importaciones de productos de España no hubiesen sido rentables si el mercado se hubiese limitado a los inmigrantes españoles, pero estos sirvieron de puente entre su tierra de origen y su sociedad anfitriona. Sería bueno que nosotros hiciéramos lo mismo.

Los clientes de los restaurantes chinos alrededor del mundo no son precisamente emigrantes chinos. Es el intercambio cultural lo que hizo posible y rentable el abrir un restaurante de comida española, italiana o china en Caracas. Es el intercambio cultural el que hará posible y rentable abrir restaurantes de comida venezolana alrededor del mundo. Y pongo el ejemplo de los restaurantes porque es el primero que se me ha venido a la cabeza, pero también podríamos fijarnos el ejemplo de las ligas de fútbol. En Venezuela despiertan más interés la liga española y la liga italiana que la liga alemana o la inglesa, con los innegables beneficios que la venta de derechos de transmisión de los partidos supone para los diversos clubes de dichos países.

Así que ya saben, integrarnos en nuestras sociedades anfitrionas no quiere decir necesariamente que abandonemos y nos desentendamos de Venezuela, más bien puede servir para todo lo contrario.

jueves, 3 de junio de 2010

Emigración (Parte I)

He oído durante toda mi vida que la emigración es mala para nuestro país. La lógica para esta afirmación es muy sencilla: La gente que se va, normalmente es la gente que mejor está preparada académica y profesionalmente, por lo tanto es capital humano que Venezuela está perdiendo. Mientras menos capital humano tengamos, más difícil es aumentar la productividad marginal de los factores y, en fin, más difícil se hace el crecimiento económico. Pero, ¿Es posible que existan consecuencias positivas de la emigración?.

Últimamente me he dado cuenta que cada vez más artistas y comediantes venezolanos vienen a hacer presentaciones en Madrid. Por poner unos pocos ejemplos, el año pasado vinieron Franco de Vita y los Caramelos de Cianuro, vino Laureano Márquez (quien volvió a venir este año a un teatro mucho más grande que el del año pasado y lo llenó por completo) y hasta Luis Chataing viene este mes.

Con tantos artistas viniendo para un público obviamente venezolano en su totalidad (o en su gran mayoría al menos) no pude dejar de pensar que, al menos económicamente, existe un lado positivo de la emigración. Estos artistas que vienen de gira normalmente van a sitios donde haya una “colonia” venezolana importante, es decir, un número importante de venezolanos. Siendo un número importante de venezolanos en alguna ciudad del exterior, representamos un mercado para estos artistas. Pero no solamente para ellos. Hace una década no se conseguían productos venezolanos en ninguna parte de Madrid. Ahora, debido al crecimiento importante de la población venezolana en dicha ciudad no solo se consiguen productos (hasta en el Carrefour hay Maltín Polar y harina PAN) sino que además ya hay más de un restaurante venezolano.

Los artistas que vienen ganan significativamente más por sus presentaciones aquí que por las presentaciones que hacen en Venezuela. Y aunque se diera el caso de que cobraran lo mismo por presentación sin importar el lugar, solamente el hecho de poder hacer más presentaciones a más ciudades los llevaría a ganar más. Los productos venezolanos que se venden en España, así como los que se venden en EEUU, Canadá o Panamá, que son sitios a donde está llegando a vivir una cantidad importante de venezolanos, son mercados potenciales que, de ser bien explotados, pueden llegar a beneficiar a nuestras exportaciones. Claro está, los mercados son demasiado pequeños como para que cualquier país dependa de ellos, pero nos pueden beneficiar si los sabemos aprovechar.

Debido a la situación política del país que todos conocemos, esto no lo estamos aprovechando del todo (si bien es esta situación política la que ha causado la emigración masiva). La malta y el harina PAN que se consiguen en España, si bien son de la Polar y son exactamente iguales a las que comíamos en nuestra tierra, son hechas en Colombia debido al continuo acoso del que ha sido víctima la propiedad privada en Venezuela, entre otras causas. De no hacerse en Venezuela los cambios necesarios, otros se aprovecharán de esto, como podemos ver en este caso que les he mencionado en el que lo que podrían ser exportaciones venezolanas terminan siendo exportaciones colombianas. Si bien es una empresa venezolana (Polar) la que sigue fabricando el producto, los impuestos se los lleva Colombia y los puestos de trabajo, los colombianos. Pero las reformas macroeconómicas son cuestión de otro tema.