¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La destrucción de una democracia que llevaba casi medio siglo le parecía una tarea imposible a cualquiera. Hace 11 años casi nadie creía que Chávez fuese a ser el tirano que es y confiados le votamos (o dejamos de votar en contra de) una constitución a su medida. Pero empecemos por el principio, hay que fijarse bien en cuáles han sido nuestros errores que han contribuido a atornillarlo en el poder para así, el día después, no repetirlos.
El primero fue, sin duda alguna, permitirle hacer una nueva constitución. No me cabe la menor duda de que muchos de los jueces de la antigua CSJ deben estar hoy arrepentidos de haber sentenciado que por el artículo 4 de la Constitución de 1961 (que decía textualmente: La soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce mediante el sufragio, por los órganos del Poder Público) se le podía preguntar a la gente, mediante un referéndum, si quería o no convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Ignorando así el procedimiento legal para hacer una nueva constitución que estaba estipulado explícitamente en la misma carta magna de 1961. Tal sentencia, a mi juicio, contribuyó a la destrucción de nuestra democracia incluso más que el propio perdón presidencial de Caldera. Una vez clavada semejante puñalada a la democracia no se podía hacer mucho.
La oposición, sin ser muy consciente del peligro que se venía encima, postuló a sus candidatos a la constituyente sin unidad alguna porque en ese entonces el presidente no había logrado polarizar al país como sí lo logro un par de años más tarde. Cada partido era independiente del otro y el chavismo era otra fuerza política entre muchas. Tal y como estaban las cosas, al chavismo le fue fácil conquistar la mayoría en la constituyente y así redactar y aprobar una constitución a su medida. Cabe destacar que tanto en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente como en el referéndum en el que se aprobó la nueva constitución hubo abstenciones del 62,35% y 55,62% respectivamente (según datos del CNE).
En aparente calma, no sólo se aprobó la Constitución de 1999 sino que también se “renovaron” todos los cargos de elección popular en el 2000, esto es, se convocó a elecciones generales. En dichas elecciones, el chavismo conquista la mayoría de las gobernaciones y alcaldías (antes tenía muy pocas) y su coalición obtuvo más de 100 diputados, es decir, una mayoría que rozaba los 2/3. De esta manera, en diciembre de 2000, Chávez había consolidado un poder que ningún presidente desde la caída de Marcos Pérez Jiménez había tenido: Seis años con posibilidad de reelección en vez de cinco sin reelección y un parlamento que paso de ser abiertamente hostil a ser vergonzosamente sumiso. A esto llevó la terrible decisión de la CSJ de 1999.