viernes, 4 de junio de 2010

Emigración (Parte II)

En esta parte de los escritos que he decidido titular Emigración, quiero resaltar uno de los aspectos de la emigración que mayores beneficios puede traerle al país: la influencia. La influencia cultural que podemos ejercer sobre las sociedades anfitrionas como consecuencia del continuo intercambio de tradiciones y costumbres que trae la convivencia de culturas distintas es el factor clave en todo este tema. ¿Por qué? Pues porque es eso lo que va a convertir un pequeño mercado de consumidores venezolanos en un gran mercado de consumidores del país X. Es la influencia cultural la que verdaderamente le va a abrir las puertas a nuestros productos en los mercados internacionales.

Pongo un ejemplo que es muy cercano tanto para los venezolanos como para los españoles: la migración masiva de españoles hacia Venezuela a mediados de siglo veinte trajo como consecuencia, entre otras cosas, la revitalización de la histórica influencia cultural española en Venezuela. Esto trajo como consecuencia la apertura en nuestras ciudades de varios restaurantes españoles, escuelas de baile de flamenco y sevillanas, etc. El aceite de oliva español y los vinos españoles alcanzaron en las últimas décadas niveles significativos entre nuestras importaciones (claro está, esto era así hasta antes del control de cambios y la crónica escasez de divisas que actualmente padecemos, ahora el gobierno decide por nosotros lo que “necesitamos” y lo que “no necesitamos”, pero este es otro tema). Estos restaurantes y academias, así como las importaciones de productos de España no hubiesen sido rentables si el mercado se hubiese limitado a los inmigrantes españoles, pero estos sirvieron de puente entre su tierra de origen y su sociedad anfitriona. Sería bueno que nosotros hiciéramos lo mismo.

Los clientes de los restaurantes chinos alrededor del mundo no son precisamente emigrantes chinos. Es el intercambio cultural lo que hizo posible y rentable el abrir un restaurante de comida española, italiana o china en Caracas. Es el intercambio cultural el que hará posible y rentable abrir restaurantes de comida venezolana alrededor del mundo. Y pongo el ejemplo de los restaurantes porque es el primero que se me ha venido a la cabeza, pero también podríamos fijarnos el ejemplo de las ligas de fútbol. En Venezuela despiertan más interés la liga española y la liga italiana que la liga alemana o la inglesa, con los innegables beneficios que la venta de derechos de transmisión de los partidos supone para los diversos clubes de dichos países.

Así que ya saben, integrarnos en nuestras sociedades anfitrionas no quiere decir necesariamente que abandonemos y nos desentendamos de Venezuela, más bien puede servir para todo lo contrario.

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