martes, 8 de diciembre de 2015

Estrategas de victorias y estrategas de derrotas.


Tan solo hace 2 años desde que el Consejo Nacional Electoral (CNE) se negó a hacer un recuento de votos después de que existiesen dudas razonables sobre un número suficiente de ellos como para decidir la elección presidencial. A partir de entonces, a la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) la dividió profundamente la estrategia a seguir. Por un lado, Henrique Capriles, gobernador del Edo. Miranda y entonces candidato presidencial por dicha coalición, decidió seguir una estrategia pacífica de llevar a todas las instancias legales nacionales e internacionales la impugnación de aquellas elecciones. Dichas acciones legales fueron acompañadas por la explicación, tanto a nivel nacional como internacional, de la manera en la que el gobierno incurrió en serias irregularidades en la elección presidencial. Por el otro lado, una facción dentro de la coalición opositora, autodenominada La Salida, decidió que la vía a seguir eran las protestas de calle para provocar la dimisión de Maduro. Éste movimiento agarró mucha fuerza al unirse a las protestas estudiantiles que legítimamente estallaron en los estados andinos después de que se denunciara la violación de una estudiante por parte de supuestos militares. Las violentas represiones por parte del gobierno central no sólo aumentaron la violencia de dichas protestas estudiantiles sino que provocaron el aumento del número de estudiantes que salían a protestar día a día.

En un principio, la estrategia de Capriles no hizo sino beneficiar a La Salida, ya que éstos argumentaban que, al ser la presidencia de Maduro el producto de un fraude, él no era el presidente legítimo y el deber de todos era salir a protestar hasta derrocarlo. El descontento era tan grande que mucha gente los siguió. Sin embargo, a La Salida le pasó como a los comuneros de Castilla al ser rechazados por la misma reina Juana, cuya legitimidad decían defender. La Salida no reconocía la legitimidad de Maduro por ser producto de un fraude electoral, pero ese argumento desembocaba en la natural conclusión de que el presidente legítimo (y por tanto el líder de las fuerzas adversas al PSUV) era Capriles…y fue el mismo Capriles el primero en señalar que la violencia no era (ni es) el camino. Él mismo se ocupó en hacer público su rechazo a la conducta de quienes dirigían La Salida. El movimiento de López, Machado y Ledezma había fracasado. Sus principales consecuencias fueron las muertes, prisiones y frustración general de quienes participaron en él…por no hablar del cisma que provocaron en la MUD en busca de su beneficio particular.

El camino de Capriles era radicalmente opuesto. Sostuvo que no se puede ganar en la calle lo que se ha perdido en las urnas. Sí, perdido. Porque aunque Maduro haya hecho trampa, se salió con la suya en 2013 porque la victoria, decía Capriles, fue muy estrecha (50-49). Capriles sostuvo desde un principio que sólo una mayoría fuerte, clara y contundente podría evitar a la vez un fraude y una guerra civil. Con un país dividido a partes iguales y las instituciones controladas por el gobierno, decía, lo más probable es que “gane” el gobierno. El desastre económico ya estaba servido y Capriles proponía algo tan simple y complejo a la vez como era esperar y seguir haciendo campaña.

El tiempo le ha dado la razón. A nivel interno, está muy claro que Capriles ha probado sus dotes de estratega no sólo a corto plazo sino a medio y largo plazo también. Ha sabido aguantar acusaciones tanto por parte de La Salida (que le acusaban de “blando” y hasta de “traidor” y “colaboracionista”) como por parte del PSUV (quienes le llamaban “delincuente” e “instigador a la violencia” por no reconocer la “victoria limpia” de Maduro). Ha logrado defender la unidad en los momentos más difíciles y, sobre todo, ha sabido mantenerse firme en su estrategia de construir una mayoría a pesar de haber estado recibiendo ataques por la derecha y por la izquierda. Ha sido su estrategia la que nos ha llevado este pasado domingo a cosechar la mayor de las victorias que ha conseguido fuerza o coalición alguna desde 1983, cuando AD logró obtener 2/3 de ambas cámaras del entonces Congreso.

Sin embargo, La Salida, aunque no contribuyó a aumentar la popularidad de la MUD en las barriadas más pobres (más bien todo lo contrario, al proveer al PSUV con una excusa para los males del país), sí contribuyó a que la opinión pública internacional abandonase de una vez por todas al PSUV…incluidas las izquierdas internacionales, salvo contadas excepciones. Sus acciones provocaron una reacción muy torpe por parte de Maduro, al enviar a la cárcel a sus máximos dirigentes y a decenas de estudiantes. Dichos encarcelamientos hicieron, de repente, que las denuncias de fraude en 2013 fuesen más creíbles. De repente, el del PSUV no era un gobierno campeón de los pobres sino un régimen en el que la gente tenía (y sigue teniendo) que hacer cola para comer y que se llevaba preso a quien se quejase. De repente, empezaron a ser frecuentes las visitas de ex-presidentes iberoamericanos a los presos políticos, visitas que fueron muy sonadas en toda Iberoamérica. A los aliados internacionales del chavismo les ha ido saliendo cada vez más caro seguir siéndolo (ahí está Podemos en España como ejemplo de ello, cuyo dirigente, Pablo Iglesias, se vio obligado en una entrevista a protestar por el encarcelamiento del Alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma). Sí, quizás el mérito que tiene Capriles a nivel nacional, lo ha tenido La Salida a nivel internacional…y para todos está claro que el CNE no hizo la trampa esta vez porque no pudo. Porque esta vez fuimos muchos, porque seguimos unidos…y porque el mundo nos estaba viendo.

Como dice el refranero hispano: más corre un galgo que un mastín, pero si el camino es largo más corre el mastín que el galgo. 

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