sábado, 9 de febrero de 2013

Aquí, reflexionando...


En los pasados meses hemos visto una Venezuela revuelta entre la tensión y la incertidumbre de no saber qué va a pasar. No se tienen noticias del presidente, hemos visto los casos de abuso de poder más grandes de este gobierno, así como también hemos visto cómo insultan, cómo acusan y cómo amenazan a sus adversarios. Y mientras tanto, la oposición mantiene una posición bastante discreta, que en mi opinión, es la más inteligente.
En los últimos 14 años, los que han conformado este gobierno han pensado que Chávez duraría por siempre y que, por lo tanto, no tendrían que ganarse un liderazgo entre los venezolanos, sino que simplemente tenían que caerle bien al presidente para cuidar su puesto, y con él sus negocios. Pero ahora el panorama es distinto. El presidente electo está ausente, y ahora los vemos asustados tratando de ganarse el respeto de sus votantes mediante los insultos, las amenazas y el acorralamiento de su adversario, para que entre sus filas vean que “ellos también son guapos como ´El Comandante´”.
 Ya van 2 meses de ausencia del presidente, y la gente comienza a sentirlo. Chávez se encargó, como todo régimen autócrata, de que no fuese sino él el que ejerciera el poder en Venezuela. Luego, con esta “situación sobrevenida”, no le quedó de otra que nombrar al que más confianza le generaba como su “sucesor”. El problema para el chavismo es que el pueblo sabe que en Venezuela no hay una monarquía, razón por la que no existe tal figura en nuestra Carta Magna. Entre las filas oficialistas saben que ni Maduro ni Cabello fueron electos el 7-O, y que por ley, deberíamos haber tenido (o estar próximos a tener) unas nuevas elecciones presidenciales. ¿Por qué no las hemos tenido? ¿Por qué no se han atrevido a convocar a elecciones si saben que la oposición viene de dos derrotas y emocionalmente no pudiese estar más vulnerable?
En mi opinión, por miedo. En el gobierno saben que esta llamada “Revolución Bolivariana” es más bien una pseudo-revolución. Si es algo, es una involución. No tienen una ideología clara que los defina, simplemente mezclan varias ideas propias de las ideologías de izquierda y marean a sus electores convenciéndolos de que “con Chávez, los pobres están en el poder”. Sin embargo, fue Chávez quien los convenció de esto, Chávez, no Maduro ni mucho menos Diosdado. Es ahora, 2 meses después de que anunciara su partida, que la figura del presidente electo comienza a desvanecerse en la memoria colectiva de los venezolanos, y sin él este “proceso revolucionario” no hace sino caerse. Eso, en mi opinión, es lo que les aterroriza y por lo que buscan retener el poder el mayor tiempo posible, alargándolo lo más que puedan, haciendo campaña como les enseñó su líder: ilegal y con violencia.
Es por esto que buscan que la oposición se desmoralice, le tratan de quitar símbolos, los insultan, los amenazan, usan todo el aparato del Estado para provocar que la oposición caiga en su juego de violencia, pero no. La oposición venezolana ha sabido crecer ante la adversidad, ante los insultos, amenazas y abusos de poder tanto de Chávez, como de sus infinitos peones que lo han seguido por 14 años. Desde “la derrota” del 7-O (y lo pongo entre comillas porque hay que verle la cara a crecer 2 millones de votos en contra de todo el aparato del Estado) la oposición ha mantenido la Unidad, sabiendo que es la democracia lo que está en juego, y con ésta, el presente y el futuro de los venezolanos. Ha sido ejemplo de que incluso en las peores condiciones se puede mantener la rectitud moral, y con ella el sueño de vivir en un país mejor, en un mundo mejor.
Si algo tuviese que decirle a todos los venezolanos que se oponen a éste régimen, lo haría en dos palabras: paciencia y unidad. Este gobierno está demostrando que lo que los mantiene unidos es el lazo emocional alrededor del presidente electo -ahora ausente-, y con su estrategia violenta lo que hacen es quedar desnudos ante la palestra política, diciendo “no sabemos que hacer sin Chávez” y como niños chiquitos patalean ante esto. Su momento se acaba. Sólo tenemos que mantenernos unidos, firmes en nuestras convicciones y con paciencia, para así poder abrirle el camino a la Venezuela que soñamos.

Caracas, 07 de febrero de 2013
Juan Félix Sánchez Alvaray