martes, 5 de marzo de 2013

¿Adiós al euro?


Es increíble que la receta de alguien para salir de una crisis económica sea "súbele los impuestos a la gente". Pues, aunque parezca increíble, es lo que ha hecho a día de hoy la capital europea al "recomendarle" a España que suba aún más el IVA. Esto, juntado con las elecciones italianas del pasado domingo 24/02/13, hace que uno se pregunte si de verdad el peor momento del euro ya pasó.

El hecho de que se haya evitado el colapso porque los países acreedores están dispuestos, de momento, a soportar el costo necesario para mantener a los deudores en el conjunto de la moneda única, no implica que el riesgo de implosión del euro haya desaparecido.

Hay cierto nivel de hastío en la población de los países “periféricos” que ven que después de 4 años de crisis y 3 de austeridad, no sólo nada ha avanzado sino que la crisis (para ellos) sigue agravándose. Es comprensible que se pierda la ilusión en un proyecto cuya única oferta a los jóvenes para progresar es “vete de tu país”.

En Europa no se ha dado una movilidad laboral interna lo suficientemente significativa como para atenuar los efectos de la crisis laboral y tampoco se ha creado un sistema permanente de transferencias de Estados ricos a Estados menos ricos que sirvan de colchón a los países a los que se le ha impuesto bajar el déficit público desde alrededor del 11-13% hasta casi 0%. Robert Mundell, creador de la teoría de zonas monetarias óptimas, hablaba de cuatro condiciones que tienen que cumplirse para que una región pudiera tener una moneda única y que ésta fuera estable y viable:  

 1) Libre movilidad de trabajo
 2) Mecanismo de transferencias fiscales
 3) Libre movilidad de capital, flexibilidad de precios y salarios.
 4) Ciclos económicos similares.

En este artículo me concentraré en los primeros dos aspectos.

Muchos son los motivos por los que la gente no se mueve dentro de Europa tanto como lo hace dentro de los EEUU. Las barreras culturales (idioma y costumbres) y los costes de transacción e información a la hora de migrar son los desincentivos más grandes a moverse de un país a otro, aunque en el país de llegada sigan siendo “ciudadanos europeos”.

Esta disfuncionalidad en el mercado laboral es bastante complicada ya que las barreras culturales son barreras naturales, es decir, no las crea ningún gobierno sino que están ahí y por sí solas constituyen un obstáculo a la integración del mercado laboral europeo. Esto haría más urgente realizar políticas públicas que disminuyan los costos de transacción e información que implica mudarse de un país a otro, pero los Estados no se han esforzado en promover la movilidad interna europea porque la ven como algo negativo. Países de llegada como Gran Bretaña y países de salida como España resienten del flujo de inmigrantes y de emigrantes respectivamente. Unos porque ven la inmigración como una carga y otros porque ven a la emigración como “fuga de cerebros”. Como consecuencia, solo se reubican de localidad, región o país unos pocos. 

Al no haber en la práctica esta libre movilidad de trabajo (1era condición de Mundell), otra manera en la que pudiera funcionar la unión monetaria es vía transferencias de Estados más ricos a Estados más pobres. Esta vía no ha sido descartada del todo por Alemania (principal país acreedor) pero como condición a dicha unificación fiscal (vía transferencias directas permanentes o vía eurobonos) han puesto que debe realizarse una unificación política. Cosa que implicaría un Tesoro Común Europeo, un ministerio de economía europeo o simplemente una Comisión Europea con muchos más poderes pero que, en contrapartida, sea electa por todos los europeos (una especie de gobierno federal de la UE).

La propuesta de unificación política tiene mucho sentido pero se ha encontrado con la oposición frontal de Francia y del resto de los países de la zona euro (y aún más fuertemente se han opuesto los 10 Estados que están fuera del euro) porque esto implicaría la cesión final de soberanía a Bruselas. Cuando ya no se controla la política fiscal, no se controla nada. Hasta los ejércitos y la política exterior acabarían siendo unificadas si esto se diera. Sería acabóse de las naciones europeas por una nueva entidad política llamada Europa. Uno se pregunta ¿Y cuál es el problema pues?. La respuesta es que los nacionalismos europeos siguen muy vivos como para rendirse ante una entidad común. Si hasta España y Gran Bretaña tienen problemas para aplicar políticas redistributivas entre sus regiones, es difícil imaginar funcionando a un gobierno federal europeo. Por esto, la 2da condición de las mencionadas arriba tampoco se cumple.

Lógicamente esto está llevando a que los ciclos económicos sean totalmente distintos dentro de la zona monetaria (lo que rompe con la 4ta condición de Mundell). Es decir, sólo se cumple una sola de las 4 condiciones que tiene que tener una zona monetaria para que sea óptima y viable. En palabras llanas, el proyecto de unión monetaria no está funcionando por falta de voluntad política de hacerlo funcionar.

¿Entonces no hay solución? ¿Adiós al euro?. Pues al parecer, dado que nadie quiere salvarlo, lo que hace falta es hacerse las preguntas que se hizo el primer ministro británico, David Cameron, en su discurso el pasado 24 de enero: ¿Qué Europa quieren los europeos?. Cameron parece tenerlo muy claro al responder “somos una familia de naciones democráticas cuya base es el mercado único, no la moneda única”.

¿Está Europa dispuesta a abandonar sueños románticos y trabajar en base a la realidad?

Discurso completo de David Cameron sobre la Unión Europea:

2 comentarios:

Angélica dijo...

Me gusta mucho tu artículo, profunda reflexión muy pertinente.

Antonio Jarne dijo...

Pues sí, César coincido con tu análisis. Y te paso algo que también me llamó hace poco la atención: la posibilidad de que vuelvan las guerras a la UE.

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/10/internacional/1362928129.html