martes, 16 de junio de 2015

El sector servicios...la tarea pendiente.

Una de las cosas que más me llamó la atención de la economía filipina cuando estuve allá el año pasado fue su alta dependencia de lo que llaman BPO (Business Process Outsourcing). Traducido al castellano podría entenderse como Externalización de Procesos de Negocio (EPN). Este sector, solamente en Filipinas, mueve más de $15.300 millones y emplea casi a 1 millón de personas. La idea básica de la EPN es “mover parte de la fábrica”, es decir, aquellos trabajos que puedan ser realizados en países en donde la mano de obra es más competitiva, se traslada a esos países. Lo que diferencia a la EPN de las maquilas, es que estos son trabajos de oficina: desde lo más sencillo, como atender los teléfonos mediante call centers, hasta manejar grandes bases de datos y realizar complejos servicios de tecnología.

Decía que el BPO o EPN me llamaba mucho la atención. La razón principal de eso es que era la primera vez que veía por mi mismo la otra cara de la moneda: la de los trabajadores de países pobres que le ganan trabajos cada vez de más nivel a los trabajadores de los países desarrollados. Todo esto sucede por una combinación de factores: 1) acceso a tecnología y conexión a internet de calidad; 2) compartir idioma con sus clientes (EEUU); 3) disponer de personas lo suficientemente preparadas para realizar el trabajo y 4) Que los costos laborales sean significativamente más bajos en el país que espera desarrollar la industria de EPN.

Las causas de las primeras dos razones no las voy a desarrollar aquí. La 3 y la 4 son dos lados de una misma ecuación. Por un lado, la EPN necesita que la mano de obra cueste menos en el país en el que espera crecer que en el país/grupo de países que espera atender. Por el otro, la mano de obra que necesita la EPN es calificada, ya que sin el manejo de ciertos softwares que utilizan las empresas de la industria, sería imposible prestar los servicios que demanda el mercado. Para obtener dicha mano de obra calificada, las empresas deben competir por ella, ya que es un bien escaso en los países emergentes. Dicha competencia eleva los salarios, lo que pone en jaque la competitividad en caso de que suban mucho. Hay que tomar en cuenta que, en el caso del mercado anglófono, otro competidor fuerte en EPN es La India, por lo que los salarios en Filipinas no solo se comparan con aquellos en EEUU (clientes) sino también con los competidores más cercanos (India).

El hecho de que este sector lleve ya varios anos creciendo a dos dígitos en Filipinas, creando cada vez más empleos directos e indirectos (empleos directos de alta calidad, cabe destacar), y a la vez actuando no solamente como motor de la economía sino como un incentivo para parte de la poblacion para obtener algún tipo de educación superior o técnica, es una prueba de lo mucho que mejoraría la calidad de vida de la gente en muchos países emergentes (y desarrollados también) el fomentar no solamente el comercio de bienes sino también el de servicios.

Ya viniendo más hacia nuestras costas, hay que decir que por cuestiones de cercanía geográfica, cercanía cultural y dominio nativo de la segunda lengua más hablada en EEUU (español), Latinoamérica sigue siendo líder mundial en el negocio de BPO/EPN. En promedio, el sector crece a un 8% en la región, llegando hasta el 15% en el caso de Colombia, en donde los call centers facturan cerca de $850 millones, de acuerdo a un estudio de KPMG. Demanda cruzada de servicios BPO entre países de la región, así como también la demanda de las empresas españolas, han sido importantes en el auge del sector, mas es la demanda estadounidense la que actualmente impulsa este crecimiento.

Son varias las preguntas que surgen en términos de políticas públicas para nuestra región. Si esto es solamente un segmento de lo que ampliamente llamamos “sector servicios” y su expansión a través del comercio internacional ha creado tantos empleos y generado tantos ingresos, ¿Cuánta competitividad ganaría la región en total si nos propusiéramos eliminar las barreras legales que aun dificultan el comercio de servicios (tecnológicos, financieros, consultoría de distintos tipos, etc.) entre países latinoamericanos? ¿Cuál sería el impacto en los mercados laborales latinoamericanos si nuestros gobiernos invirtieran lo que tienen que invertir en infraestructura tecnológica? ¿Cuánto ganaríamos en términos de cohesión social si en la educación pública se pone un fuerte énfasis en tecnología (desde usar programas comunes a aprender a programar y manejar grandes bases de datos)?


La tecnología y la globalización nos ofrecen nuevas oportunidades. Es nuestra decisión subirnos al tren...o volverlo a perder. 

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