Una de las cosas que más me llamó la atención de la economía filipina
cuando estuve allá el año pasado fue su alta dependencia de lo que llaman BPO (Business Process Outsourcing). Traducido
al castellano podría entenderse como Externalización de Procesos de Negocio
(EPN). Este sector, solamente en Filipinas, mueve más de $15.300 millones y emplea
casi a 1 millón de personas. La idea básica de la EPN es “mover parte de la fábrica”,
es decir, aquellos trabajos que puedan ser realizados en países en donde la
mano de obra es más competitiva, se traslada a esos países. Lo que diferencia a
la EPN de las maquilas, es que estos son trabajos de oficina: desde lo más
sencillo, como atender los teléfonos mediante call centers, hasta manejar grandes bases de datos y realizar complejos
servicios de tecnología.
Decía que el BPO o EPN me llamaba mucho la atención. La razón principal de
eso es que era la primera vez que veía por mi mismo la otra cara de la moneda:
la de los trabajadores de países pobres que le ganan trabajos cada vez de más
nivel a los trabajadores de los países desarrollados. Todo esto sucede por una combinación
de factores: 1) acceso a tecnología y conexión a internet de calidad; 2)
compartir idioma con sus clientes (EEUU); 3) disponer de personas lo
suficientemente preparadas para realizar el trabajo y 4) Que los costos
laborales sean significativamente más bajos en el país que espera desarrollar
la industria de EPN.
Las causas de las primeras dos razones no las voy a desarrollar aquí. La 3
y la 4 son dos lados de una misma ecuación. Por un lado, la EPN necesita que la
mano de obra cueste menos en el país en el que espera crecer que en el país/grupo
de países que espera atender. Por el otro, la mano de obra que necesita la EPN es
calificada, ya que sin el manejo de ciertos softwares
que utilizan las empresas de la industria, sería imposible prestar los
servicios que demanda el mercado. Para obtener dicha mano de obra calificada,
las empresas deben competir por ella, ya que es un bien escaso en los países emergentes.
Dicha competencia eleva los salarios, lo que pone en jaque la competitividad en
caso de que suban mucho. Hay que tomar en cuenta que, en el caso del mercado anglófono,
otro competidor fuerte en EPN es La India, por lo que los salarios en Filipinas
no solo se comparan con aquellos en EEUU (clientes) sino también con los
competidores más cercanos (India).
El hecho de que este sector lleve ya varios anos creciendo a dos dígitos en
Filipinas, creando cada vez más empleos directos e indirectos (empleos directos
de alta calidad, cabe destacar), y a la vez actuando no solamente como motor de la economía
sino como un incentivo para parte de la poblacion para obtener algún tipo de educación superior o técnica, es
una prueba de lo mucho que mejoraría la calidad de vida de la gente en muchos países
emergentes (y desarrollados también) el fomentar no solamente el comercio de
bienes sino también el de servicios.
Ya viniendo más hacia nuestras costas, hay que decir que por cuestiones de cercanía
geográfica, cercanía cultural y dominio nativo de la segunda lengua más hablada en
EEUU (español), Latinoamérica sigue siendo líder mundial en el negocio de BPO/EPN.
En promedio, el sector crece a un 8% en la región, llegando hasta el 15% en el
caso de Colombia, en donde los call
centers facturan cerca de $850 millones, de acuerdo a un estudio de KPMG. Demanda
cruzada de servicios BPO entre países de la región, así como también la demanda
de las empresas españolas, han sido importantes en el auge del sector, mas es
la demanda estadounidense la que actualmente impulsa este crecimiento.
Son varias las preguntas que surgen en términos de políticas públicas para
nuestra región. Si esto es solamente un segmento de lo que ampliamente llamamos
“sector servicios” y su expansión a través del comercio internacional ha creado
tantos empleos y generado tantos ingresos, ¿Cuánta competitividad ganaría la región
en total si nos propusiéramos eliminar las barreras legales que aun dificultan
el comercio de servicios (tecnológicos, financieros, consultoría de distintos tipos, etc.) entre países latinoamericanos? ¿Cuál sería el impacto
en los mercados laborales latinoamericanos si nuestros gobiernos invirtieran lo
que tienen que invertir en infraestructura tecnológica? ¿Cuánto ganaríamos en términos
de cohesión social si en la educación pública se pone un fuerte énfasis en tecnología
(desde usar programas comunes a aprender a programar y manejar grandes bases de
datos)?
La tecnología y la globalización nos ofrecen nuevas oportunidades. Es
nuestra decisión subirnos al tren...o volverlo a perder.
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