martes, 8 de diciembre de 2015

Estrategas de victorias y estrategas de derrotas.


Tan solo hace 2 años desde que el Consejo Nacional Electoral (CNE) se negó a hacer un recuento de votos después de que existiesen dudas razonables sobre un número suficiente de ellos como para decidir la elección presidencial. A partir de entonces, a la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) la dividió profundamente la estrategia a seguir. Por un lado, Henrique Capriles, gobernador del Edo. Miranda y entonces candidato presidencial por dicha coalición, decidió seguir una estrategia pacífica de llevar a todas las instancias legales nacionales e internacionales la impugnación de aquellas elecciones. Dichas acciones legales fueron acompañadas por la explicación, tanto a nivel nacional como internacional, de la manera en la que el gobierno incurrió en serias irregularidades en la elección presidencial. Por el otro lado, una facción dentro de la coalición opositora, autodenominada La Salida, decidió que la vía a seguir eran las protestas de calle para provocar la dimisión de Maduro. Éste movimiento agarró mucha fuerza al unirse a las protestas estudiantiles que legítimamente estallaron en los estados andinos después de que se denunciara la violación de una estudiante por parte de supuestos militares. Las violentas represiones por parte del gobierno central no sólo aumentaron la violencia de dichas protestas estudiantiles sino que provocaron el aumento del número de estudiantes que salían a protestar día a día.

En un principio, la estrategia de Capriles no hizo sino beneficiar a La Salida, ya que éstos argumentaban que, al ser la presidencia de Maduro el producto de un fraude, él no era el presidente legítimo y el deber de todos era salir a protestar hasta derrocarlo. El descontento era tan grande que mucha gente los siguió. Sin embargo, a La Salida le pasó como a los comuneros de Castilla al ser rechazados por la misma reina Juana, cuya legitimidad decían defender. La Salida no reconocía la legitimidad de Maduro por ser producto de un fraude electoral, pero ese argumento desembocaba en la natural conclusión de que el presidente legítimo (y por tanto el líder de las fuerzas adversas al PSUV) era Capriles…y fue el mismo Capriles el primero en señalar que la violencia no era (ni es) el camino. Él mismo se ocupó en hacer público su rechazo a la conducta de quienes dirigían La Salida. El movimiento de López, Machado y Ledezma había fracasado. Sus principales consecuencias fueron las muertes, prisiones y frustración general de quienes participaron en él…por no hablar del cisma que provocaron en la MUD en busca de su beneficio particular.

El camino de Capriles era radicalmente opuesto. Sostuvo que no se puede ganar en la calle lo que se ha perdido en las urnas. Sí, perdido. Porque aunque Maduro haya hecho trampa, se salió con la suya en 2013 porque la victoria, decía Capriles, fue muy estrecha (50-49). Capriles sostuvo desde un principio que sólo una mayoría fuerte, clara y contundente podría evitar a la vez un fraude y una guerra civil. Con un país dividido a partes iguales y las instituciones controladas por el gobierno, decía, lo más probable es que “gane” el gobierno. El desastre económico ya estaba servido y Capriles proponía algo tan simple y complejo a la vez como era esperar y seguir haciendo campaña.

El tiempo le ha dado la razón. A nivel interno, está muy claro que Capriles ha probado sus dotes de estratega no sólo a corto plazo sino a medio y largo plazo también. Ha sabido aguantar acusaciones tanto por parte de La Salida (que le acusaban de “blando” y hasta de “traidor” y “colaboracionista”) como por parte del PSUV (quienes le llamaban “delincuente” e “instigador a la violencia” por no reconocer la “victoria limpia” de Maduro). Ha logrado defender la unidad en los momentos más difíciles y, sobre todo, ha sabido mantenerse firme en su estrategia de construir una mayoría a pesar de haber estado recibiendo ataques por la derecha y por la izquierda. Ha sido su estrategia la que nos ha llevado este pasado domingo a cosechar la mayor de las victorias que ha conseguido fuerza o coalición alguna desde 1983, cuando AD logró obtener 2/3 de ambas cámaras del entonces Congreso.

Sin embargo, La Salida, aunque no contribuyó a aumentar la popularidad de la MUD en las barriadas más pobres (más bien todo lo contrario, al proveer al PSUV con una excusa para los males del país), sí contribuyó a que la opinión pública internacional abandonase de una vez por todas al PSUV…incluidas las izquierdas internacionales, salvo contadas excepciones. Sus acciones provocaron una reacción muy torpe por parte de Maduro, al enviar a la cárcel a sus máximos dirigentes y a decenas de estudiantes. Dichos encarcelamientos hicieron, de repente, que las denuncias de fraude en 2013 fuesen más creíbles. De repente, el del PSUV no era un gobierno campeón de los pobres sino un régimen en el que la gente tenía (y sigue teniendo) que hacer cola para comer y que se llevaba preso a quien se quejase. De repente, empezaron a ser frecuentes las visitas de ex-presidentes iberoamericanos a los presos políticos, visitas que fueron muy sonadas en toda Iberoamérica. A los aliados internacionales del chavismo les ha ido saliendo cada vez más caro seguir siéndolo (ahí está Podemos en España como ejemplo de ello, cuyo dirigente, Pablo Iglesias, se vio obligado en una entrevista a protestar por el encarcelamiento del Alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma). Sí, quizás el mérito que tiene Capriles a nivel nacional, lo ha tenido La Salida a nivel internacional…y para todos está claro que el CNE no hizo la trampa esta vez porque no pudo. Porque esta vez fuimos muchos, porque seguimos unidos…y porque el mundo nos estaba viendo.

Como dice el refranero hispano: más corre un galgo que un mastín, pero si el camino es largo más corre el mastín que el galgo. 

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Imposible es sólo una opinión.

“Este pana no puede ser mucho mayor que nosotros” fue lo que pensé esa mañana de sábado en la que Álvaro, nuestro formador en la Sociedad de Debate, nos mostró, como ejemplos de refutaciones bien hechas, trozos de varios discursos de un joven diputado autonómico catalán que en aquel entonces era desconocido. Álvaro nos contó entonces que Rivera, el mencionado diputado, había pertenecido al club de debate de la Universidad Ramon Llull y que, representando a esa universidad, participó en laLiga Nacional de Debate de 2001. Con ese dato, llegué a mi primera conclusión personal sobre el Sr. Rivera: “con razón habla así…he’s one of us!” (sé que suena arrogante, pero fue lo primero que me vino a la cabeza). Podrán entender que para mí, ver a alguien que con sólo 3 diputados (de 135) le dijese al presidente autonómico (el cargo equivalente en Venezuela sería el de gobernador) las verdades que ni siquiera el jefe formal de la oposición se atrevía a decir, era algo inspirador. ¡Ya me gustaría a mí –pensé- poder decirle al Alto Chavismo las verdades que en su cara le dice Rivera a Montilla o a Artur Mas!. Poco sabía entonces que Chávez moriría antes de yo terminar la universidad y que sus sucesores se encargarían de encarcelar, en el mejor de los casos, a prácticamente todo aquel que se atreviese a decir 1/4 de lo que decía Rivera en sus discursos.

Verán, resulta que en la universidad uno puede aprender economía, derecho, periodismo, medicina, ingeniería…en fin, la carrera que uno elija. Pero poca gente aprende a defender sus ideas con claridad.

Tan solo un mes antes de yo irme de Venezuela, unos estudiantes que habíamos salido a protestar por el injusto cierre de RCTV, habíamos logrado detener en las urnas a Chávez por primera vez. Lo hicimos porque nuestra protesta evolucionó en una campaña de concientización que, a su vez, desembocó en una campaña electoral por el ‘NO’ a una reforma constitucional que prácticamente enterraba a la democracia que tenía ya casi 50 años vigente en el país…poco sabíamos que nuestra democracia solamente sobrevivió para morir otro día…pero eso es harina de otro costal. El caso es que fue en esa campaña en donde me di cuenta de que pocas cosas son más importantes que saber convencer. Convenciendo se puede fortalecer una democracia o acabar con ella. Convenciendo, puedes vender un iPod como algo revolucionario cuando en verdad ya los reproductores de mp3 tenían años en el mercado. Convenciendo, un profesor puede cambiar la vida de su alumno al despertarle el interés en una disciplina determinada o introducirle a nuevas ideas y corrientes de pensamiento.

Al entrar en debates, a ese objetivo de aprender a convencer se le añadieron otras dos palabras igual o más importantes: con ética. Nuestros 3 formadores eran, para mí, un dream team. Uno nos enseñaba cómo decir las cosas, a buscar nuestra voz interna y hacernos fuertes con ella; el otro, nos enseñaba cómo hacer para que esas formas tuvieran un fondo sólido y apoyado, si se podía, por estudios y expertos del tema que estuviésemos discutiendo; y nuestra tercera formadora nos enseñaba todos los detalles de los debates de competición y qué detalles teníamos que tener en cuenta en cada situación. Los 3 tenían, como puntos en común, su foco en inculcarnos que los debates debían ser de altura (“preparación, preparación y preparación”, solían repetir) y el juego debía ser limpio, entendiendo en este caso el juego limpio como no inventarse datos, hechos o argumentos…y tampoco dejar que el contrario lo haga.

Convencer con mentiras, medias verdades o afirmaciones carentes de toda lógica te convierte en lo peor que puedes ser en este mundo: un mentiroso, un manipulador y, en fin, un demagogo. Precisamente es de ellos de quienes nos queremos librar y para ello es que aprendemos a debatir: para que en el mundo de la empresa triunfen las mejores ideas y los mejores proyectos, para que los académicos puedan hacer saber al mundo de sus logros sin que la gente se duerma en sus discursos, y -no menos importante- para ver si algún día los que hablan con sentimiento de superioridad y prometen el paraíso en la tierra sin trabajo alguno dejan de ganar elecciones.

Hace 2 días, en las elecciones catalanas, ese partido cuyo líder fue miembro de un club de debates similar al mío, una persona que no ha tenido miedo en utilizar todas las herramientas que tan maravillosa disciplina nos ha dado para expresarnos con claridad, coherencia y, sobre todo, fondo, ha actuado de doble muro de contención. Por un lado, ha logrado romper la hegemonía de un discurso nacionalista impuesto por los que hasta hace poco eran los partidos hegemónicos. Por el otro, ha convertido en marginales a las fuerzas de los populistas que, como en mi tierra, pretenden ganar las elecciones a base de medias verdades y con carencia absoluta de un proyecto de país. 

¡Felicidades a Ciudadanos-C's! Espero que el auge de este partido demócrata-liberal español sea sólo el principio. Espero que en Iberoamérica, y en particular en Venezuela, tomemos el ejemplo de este grupo de personas que empezaron a actuar con la creencia de que con sinceridad, coherencia y claridad en el mensaje se puede llegar muy lejos.

Imposible es sólo una opinión.

viernes, 28 de agosto de 2015

R&D equivocado

Me llena de tristeza, de rabia e impotencia ver cómo, por la voluntad de una persona, ocurre un drama humano en una frontera que ni siquiera debería existir. No hay derecho.
La inmigración neogranadina a Venezuela ha ocurrido continuamente a lo largo de décadas. Unos por desplazamiento provocado por la guerrilla, otros, la mayoría, por razones económicas. Las diferencias culturales que existían con el lugar de destino (Venezuela), que eran mínimas ya que la mayor parte de los inmigrantes eran de las regiones costeras y llaneras de Colombia, se fueron borrando con el tiempo o mezclando con nuestra cultura. Al punto de que uno no sabe ni siquiera si la arepa es venezolana o es colombiana (unos y otros decimos que es de nuestro país por puro nacionalismo)…a lo mejor es que es de los llanos de los tiempos de los que Venezuela y la Nueva Granada eran una misma cosa. Hay tantas cosas que nos unen, que se hace imposible ponerse a enumerarlas en un solo escrito. 

Durante estos últimos días, aquellos que se hacen llamar bolivarianos han ido allanando casa a casa en los estados fronterizos y deportando a quien le conseguían papeles de ciudadano colombiano. No solamentese los llevan y los tiran en la frontera, sino que además se apropian de las pertenencias de la gente. Separan familias, cierran el puente “Simón Bolívar” y culpan a los ciudadanos de la hermana república de todos los males que padece Venezuela, males que el mismo gobierno ha provocado y no quiere resolver. Por si fuera poco, luego de cada allanamiento, las casas quedan marcadas en las fachadas con una enorme "R", de Revisado, o una "D", de Demoler (a las de los ciudadanos deportados), al mejor estilo de aquella época negra de Europa en las que la fachada de la casa quedaba marcada en caso de que fuese una casa de judíos. Quién sabe, a lo mejor esto fue lo que entendió Maduro cuando alguien le comentó que los países necesitan "R&D" para incrementar su bienestar.

No es la primera vez que ocurre algo así en estos 16 largos años. Después de llevar años pregonando la unidad latinoamericana en los que incluso llegó a proponer la creación de una confederación de países, Hugo Chávez estuvo a punto de declararle la guerra a Colombia en 2008 después de que Álvaro Uribe diese la orden de bombardear los campamentos que las FARC tenían en la selva de Ecuador. Hasta se movilizaron ejércitos. No importaba la hermandad, la vecindad o incluso la humanidad. Lo único que importaba era la ideología. En este caso es igual, no importa el daño que se haga, si la situación le da el pretexto a Maduro para decretar un estado de sitio en todo el país (ya en los estados fronterizos está decretado), usará dicho estado de sitio para suspender las elecciones parlamentarias de diciembre...elecciones que sólo puede ganar con un fraude masivo.

No sé, ni me importa, qué pensaría Bolívar si levantara la cabeza. Lo que sí sé es que me parece extremadamente hipócrita y malintencionado declararse seguidor de alguien que tenía como proyecto de vida la unidad de Hispanoamérica y, a la vez, causar este tipo de dramas, conflicto y ruptura de vínculos con nuestra hermana república. Con nuestro país gemelo.

martes, 23 de junio de 2015

Globalización

Hace poco fui retado por un gran amigo a argumentar que la globalización trae más beneficios que costos a para la mayor parte de las personas en el mundo. Yo estoy convencido de que es así.

Numerosos estudios lo confirman, aunque también confirman un aumento de la desigualdad de ingresos entre países y dentro de cada país. Curiosamente, aunque esto esté sucediendo, no significa que la desigualdad esté aumentando una vez que eliminamos de la ecuación las fronteras nacionales y tomamos en cuenta al mundo como un todo. En ese escenario, la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, ha disminuido en las últimas décadas. ¿Como es posible esto? Para ponerlo en términos sencillos, llamémoslo el “efecto China”. Un país que por sí solo tiene a 1/6 de la población mundial, es lo suficientemente grande como para afectar el resultado total. El hecho de que China esté pasando de ser un país extremadamente pobre a transitar el camino hacia la riqueza hace que, si el mundo se mide como un todo, al mejorar el nivel de vida de buena parte de la población mundial (la de China) en los últimos 30 años y, al crecer su riqueza más rápido que la del resto del mundo, la desigualdad en la distribución de la riqueza es natural que disminuya.

Con lo que sí estoy de acuerdo es con el argumento de que la manera en la que se ha gestionado la globalización no ha sido la más adecuada. La Organización Mundial del Comercio hace tiempo que fracasó en sus intentos de llegar a un Tratado de Libre Comercio (TLC) mundial. Una extensa red de TLC bilaterales y regionales han tomado su lugar, creando regímenes regulatorios muy complejos que suponen, de por sí, altos costos de transacción a la hora de comerciar entre distintos países. Dichos costos, naturalmente, sólo se lo pueden asumir empresas a partir de cierto tamaño. Además, la carencia de regulaciones mundiales hace que haya Estados que recurran a la competencia desleal, mediante la ausencia absoluta de regulaciones medioambientales o derechos para los trabajadores  (cuyo ejemplo más atroz fue el derrumbe de una fábrica en Bangladesh en 2013 en el que murieron más de 1100 personas) o en la forma de ausencia de derechos de propiedad intelectual, que en unas economías en las que la producción de patentes y contenidos cobra cada vez más importancia, también lo hace la necesidad de contar con marcos regulatorios apropiados. Todo esto por no hablar ni siquiera de la aberración que supone la existencia de paraísos fiscales.

¿Qué hacer? En mi opinión, veo poco (o nada) realista esperar que dichas regulaciones vengan de parte de la OMC. Los TLC que EEUU está negociando a la vez con la UE y con el sureste asiático van en el camino de que los nuevos tratados económicos no abarquen solamente temas comerciales sino también reglas de inversión, regulaciones ambientales, laborales y de propiedad intelectual. Otro tanto lo están haciendo los bloques regionales como la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN, por sus siglas en ingles) y la Alianza del Pacifico, que se han tomado la labor de perfeccionar los acuerdos comerciales ya existentes añadiendo normas de origen, homogenización de requerimientos fitosanitarios, eliminación de otras barreras no-arancelarias al comercio y, sobre todo, libre movilidad de capitales y de personas.


A medida que el mundo avanza hacia una mayor integración, también deben hacerlo sus instituciones. No es una locura imaginarse dentro de unas décadas la existencia de instituciones globales que regulen, desarrollen normativas y, sobre todo, que resuelvan conflictos entre países o entre particulares y países. Instituciones como las que poco a poco fue construyendo la UE en su momento…y es que el viejo continente fue, al parecer, el primero en darse cuenta de que, aunque la política es algo local, la economía es algo global. Su desarrollo del derecho comunitario, con sus instituciones y funcionamiento, debe servir de ejemplo para este nuevo mundo interconectado que estamos construyendo entre todos.

martes, 16 de junio de 2015

El sector servicios...la tarea pendiente.

Una de las cosas que más me llamó la atención de la economía filipina cuando estuve allá el año pasado fue su alta dependencia de lo que llaman BPO (Business Process Outsourcing). Traducido al castellano podría entenderse como Externalización de Procesos de Negocio (EPN). Este sector, solamente en Filipinas, mueve más de $15.300 millones y emplea casi a 1 millón de personas. La idea básica de la EPN es “mover parte de la fábrica”, es decir, aquellos trabajos que puedan ser realizados en países en donde la mano de obra es más competitiva, se traslada a esos países. Lo que diferencia a la EPN de las maquilas, es que estos son trabajos de oficina: desde lo más sencillo, como atender los teléfonos mediante call centers, hasta manejar grandes bases de datos y realizar complejos servicios de tecnología.

Decía que el BPO o EPN me llamaba mucho la atención. La razón principal de eso es que era la primera vez que veía por mi mismo la otra cara de la moneda: la de los trabajadores de países pobres que le ganan trabajos cada vez de más nivel a los trabajadores de los países desarrollados. Todo esto sucede por una combinación de factores: 1) acceso a tecnología y conexión a internet de calidad; 2) compartir idioma con sus clientes (EEUU); 3) disponer de personas lo suficientemente preparadas para realizar el trabajo y 4) Que los costos laborales sean significativamente más bajos en el país que espera desarrollar la industria de EPN.

Las causas de las primeras dos razones no las voy a desarrollar aquí. La 3 y la 4 son dos lados de una misma ecuación. Por un lado, la EPN necesita que la mano de obra cueste menos en el país en el que espera crecer que en el país/grupo de países que espera atender. Por el otro, la mano de obra que necesita la EPN es calificada, ya que sin el manejo de ciertos softwares que utilizan las empresas de la industria, sería imposible prestar los servicios que demanda el mercado. Para obtener dicha mano de obra calificada, las empresas deben competir por ella, ya que es un bien escaso en los países emergentes. Dicha competencia eleva los salarios, lo que pone en jaque la competitividad en caso de que suban mucho. Hay que tomar en cuenta que, en el caso del mercado anglófono, otro competidor fuerte en EPN es La India, por lo que los salarios en Filipinas no solo se comparan con aquellos en EEUU (clientes) sino también con los competidores más cercanos (India).

El hecho de que este sector lleve ya varios anos creciendo a dos dígitos en Filipinas, creando cada vez más empleos directos e indirectos (empleos directos de alta calidad, cabe destacar), y a la vez actuando no solamente como motor de la economía sino como un incentivo para parte de la poblacion para obtener algún tipo de educación superior o técnica, es una prueba de lo mucho que mejoraría la calidad de vida de la gente en muchos países emergentes (y desarrollados también) el fomentar no solamente el comercio de bienes sino también el de servicios.

Ya viniendo más hacia nuestras costas, hay que decir que por cuestiones de cercanía geográfica, cercanía cultural y dominio nativo de la segunda lengua más hablada en EEUU (español), Latinoamérica sigue siendo líder mundial en el negocio de BPO/EPN. En promedio, el sector crece a un 8% en la región, llegando hasta el 15% en el caso de Colombia, en donde los call centers facturan cerca de $850 millones, de acuerdo a un estudio de KPMG. Demanda cruzada de servicios BPO entre países de la región, así como también la demanda de las empresas españolas, han sido importantes en el auge del sector, mas es la demanda estadounidense la que actualmente impulsa este crecimiento.

Son varias las preguntas que surgen en términos de políticas públicas para nuestra región. Si esto es solamente un segmento de lo que ampliamente llamamos “sector servicios” y su expansión a través del comercio internacional ha creado tantos empleos y generado tantos ingresos, ¿Cuánta competitividad ganaría la región en total si nos propusiéramos eliminar las barreras legales que aun dificultan el comercio de servicios (tecnológicos, financieros, consultoría de distintos tipos, etc.) entre países latinoamericanos? ¿Cuál sería el impacto en los mercados laborales latinoamericanos si nuestros gobiernos invirtieran lo que tienen que invertir en infraestructura tecnológica? ¿Cuánto ganaríamos en términos de cohesión social si en la educación pública se pone un fuerte énfasis en tecnología (desde usar programas comunes a aprender a programar y manejar grandes bases de datos)?


La tecnología y la globalización nos ofrecen nuevas oportunidades. Es nuestra decisión subirnos al tren...o volverlo a perder. 

viernes, 12 de junio de 2015

Bienes culturales

En los últimos años hemos visto una especie de boom en cuanto a número de películas producidas en los distintos países iberoamericanos. Ahora toca el siguiente paso: venderlas.

Por alguna razón, la música popular es el único bien cultural que ha logrado traspasar fronteras y establecer, de facto, una especie de mercado único de música en español. La gran diferencia con respecto a lo que ha pasado en el cine y en la literatura, con sus pocas excepciones en cada caso, es que la música popular en español que se escucha a lo largo y ancho de Iberoamérica es, mayoritariamente, producida en EEUU. ¿Hace eso la diferencia? Parece que sí. La formación natural de clusters o nodos que se dio en EEUU entre los distintos inmigrantes latinoamericanos ha hecho de dicho país el centro natural de negocios de Latinoamérica. Los canales por cable por donde a mi generación le llegaban los videos de grupos en otras partes del continente eran, en su casi totalidad, canales estadounidenses. Y antes de eso, está el gran ejemplo de la FANIA – All Stars, la mejor orquesta de salsa de la historia…hecha en EEUU.

Con el cine es distinto. Las grandes productoras norteamericanas dominan la distribución, por lo que la competencia de igual a igual es muy difícil ya que dichas productoras han alcanzado grados envidiables de economías de escala, lo que les da una amplia ventaja a la hora de competir con nuevos jugadores en el mercado. Los gobiernos han tratado de atender este problema ofreciendo incentivos para incrementar la producción de cine nacional y, en unos casos, de cine independiente. Todo esto con el objetivo de fomentar la cultura nacional a través del cine.

Si bien estoy de acuerdo con el fin último de este tipo de políticas (fomentar la cultura), el ángulo desde el que se ha hecho me parece errado o, al menos, incompleto. El problema en Iberoamérica no viene tanto porque no se produzcan películas (el año pasado se produjeron 130 películas solamente en México) sino porque las que se producen no se venden (en el mismo ejemplo, de las 130 que se produjeron en México en 2014 solo se llegaron a estrenar 68, alcanzando apenas el 10% de la asistencia total frente al 87% de las películas de Hollywood). Además, al darle prioridad al cine nacional frente a cualquier película extranjera, las políticas públicas han hecho casi imposible que, por ejemplo, una película hecha en Argentina pueda verse en un cine en Santiago de Chile o que una película colombiana encuentre buena difusión en Venezuela.

Las películas que más o menos saltan algunas fronteras son las que recurren a la coproducción entre 2 o más países, ya que se les da trato de “película nacional” en los países participantes de las coproducciones.

El aislamiento de cada uno de los mercados de habla hispana es un grave obstáculo para la consecución de las necesarias economías de escala que necesitan las compañías de producción para así poder competir en mejores condiciones con el cine angloparlante. Por ello, se hacen necesarias políticas públicas que aborden el problema de la distribución regional, es decir, de las películas hechas en un país iberoamericano que se van a distribuir en otro país de la región. Un ejemplo lo podemos conseguir en la Unión Europea con los cines Renoir, una cadena de cines especializada en el cine europeo que está presente en todos (o casi todos) los países de la UE. Ayudados por políticas comunitarias, han logrado establecer una marca reconocida dentro del público, ganarse cuota de mercado importante y, por tanto, aumentar la facturación del cine europeo en su conjunto.


El Rey de España, Felipe VI, abogó en la Cumbre Iberoamericana de Veracruz (2014) por hacer de la cultura el “nicho de mercado” de la comunidad iberoamericana de naciones. Quizás esté en lo cierto y dicha comunidad sea el sitio en donde se pueda abordar seriamente este problema, no lo sé. Lo que sí sé es que el problema de la distribución debe ser abordado entre todos los países iberoamericanos si es que queremos tener industrias culturales rentables y, por ende, autosuficientes y competitivas. No vamos a ninguna parte si cada país sigue mirándose el ombligo en vez de aprovechar las oportunidades que nos brinda el hecho de tener una lengua común y una cercanía cultural envidiable.